Colombia tuvo con qué, pero se despertó tarde (Opinión)
Archivo

Colombia tuvo con qué, pero se despertó tarde (Opinión)

Simbiosis de un compromiso en el que pesó la presión de los brasileños y jugar de visitante.

  • Enviar
  • Guardar
  • Comentar
05 de julio 2014 , 06:49 a.m.

Había que mirar bien, refregarse los ojos y volver a mirar. Al frente estaba el equipo con el mismo uniforme: camiseta amarilla, pantaloneta y medias blancas, igual que la Selección Colombia que ganó cuatro partidos seguidos e hizo historia de la grande en el Mundial-2014. Pero era Brasil.

Lea aquí: Yepes: "Colombia ganó respeto y jerarquía en este Mundial"

En las tribunas había una mancha amarilla gigantesca e incontenible, la misma de 50 mil colombianos que durante cuatro partidos, incluido uno en el Maracaná, hicieron sentir local a la 'Tricolor' en este Mundial. Pero eran brasileños y esta vez, como nunca antes durante el torneo, nos hicieron sentir visitantes.

De camiseta roja, pantaloneta azul y medias rojas jugaba Colombia. Sí, se veía rara viéndola desde las tribunas así y en un Mundial. Hacía 24 años no se presentaba de tal manera en la máxima cita del fútbol. En actitud, categoría y en juego, también se veía rara la Selección. No era la misma que había pasado por encima de sus cuatro rivales anteriores con calidad.

¡Y zas! A los seis minutos, el rugido más impresionante del Mundial en este estadio, el Arena Castelao de Fortaleza, anunció que Brasil había metido su primer gol del encuentro, a través de Thiago Silva, su capitán, pero en una falla de Colombia en las marcas.

Había que mirar bien, refregarse los ojos y volver a mirar. La presión de los brasileños dentro de la cancha y en las tribunas era simplemente incontenible, también porque al menos la mitad de los jugadores de Colombia no se habían dado cuenta, o no lo parecía, que estaban en el partido más importante de sus vidas.

Y eso al final le costó la eliminación a Colombia, que se pellizcó tarde, y tarde también entendió que a esta selección brasileña se le podía ganar con fútbol, así la afición fuera sin ninguna duda el jugador número 12 y se convirtiera en la figura del partido por su apoyo y su fervor de patria que llegó al alma de los jugadores locales y lastimó la sensibilidad de los visitantes.

En el intermedio, la Selección Colombia se refregó los ojos y entró en consciencia. Entonces fue otro partido el que jugó en el segundo tiempo. Entonces se atrevió a buscar el arco de Julio César, superó el golpe brutal que significó el golazo de David Luiz y llegó a callar a esos demonios de amarillo que parecían para nosotros todos esos 50 mil brasileños en las gradas.

Luego vino el penalti que cobró James y la ilusión de seguir en el Mundial renació. Hubo diez minutos de esperanza mientras la imponencia brasileña se vistió de miedo. Colombia se vio mejor y terminó mejor el partido que Brasil, pero eso no alcanzó para cambiar la historia.

Había que mirar bien, refregarse los ojos y volver a mirar. Colombia estaba sumergida en el llanto de la derrota y la eliminación, pero también, de repente, en el de un orgullo incomparable tras haber jugado el mejor Mundial de su historia, el que, si Dios lo permite, le contaremos a nuestra descendencia sumergidos en la más profunda emoción y con una y mil lágrimas de por medio.

GABRIEL BRICEÑO FERNÁNDEZ
Enviado Especial de EL TIEMPO
Fortaleza (Brasil)
gabbri@eltiempo.com
En Twitter: @gabbritter

 

COMENTAR
GUARDAR