La inevitable frustración en la concentración del Junior
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La inevitable frustración en la concentración del Junior

En un velorio se convirtió el sitio de hospedaje del equipo barranquillero en Medellín.

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22 de mayo 2014 , 12:01 p. m.

Mientras en buena parte de Medellín corrían ríos de licor y se festejaba con totes, voladores y harina, el sitio de concentración del Junior era un velorio. La mayoría de los jugadores se refugiaron en sus habitaciones y no salieron en toda la noche después de perder el título ante Atlético Nacional, el domingo en el estadio Atanasio Girardot.

Martín Arzuaga y Luis Quiñones, dos delanteros que no estuvieron en la cancha ni en el banco de suplentes, eran los únicos que estaban en el lobby del hotel Medellín Plaza.

Eran las 11 p.m. Quiñones atendía una llamada telefónica y Arzuaga hablaba con tres hinchas rojiblancos.

Los dos charlaron amablemente con los medios, pero sólo Arzuaga accedió a una entrevista privada.

"Los compañeros entregaron todo, 93 minutos siendo campeón, no encuentra uno explicación ni palabras", dijo Arzuaga. "A pesar de las lesiones, el equipo mantuvo su funcionamiento táctico. En ese tiro de esquina hubo una pequeña distracción", agregó.

El duelo juniorista comenzó desde que John Valoy metió el gol de Nacional.

El equipo llegó a la definición por tiros desde el punto penalti con el ánimo por el piso por ese golpe de Valoy en el último suspiro del juego.

Y no se levantó más. Cabizbajos, heridos, algunos con lágrimas a punto de salir y otros con bronca, los 'Tiburones' recibieron las medallas de subcampeón e inmediatamente se las quitaron.

Destrozados entraron al camerino visitante del estadio Atanasio Girardot.

El silencio sepulcral del vestidor se trasladó al sitio de concentración. El rostro de Julio Comesaña no se vio por el lobby. El jefe del cuerpo técnico masticó la derrota en su habitación.

El consuelo y orgullo de Comesaña y sus dirigidos debe ser que dejaron garra, sudor y alma en la cancha, que vendieron cara la caída, que murieron con las botas puestas, sin ser humillados, con mucha dignidad. De todas formas, es inevitable la frustración.

Rafael Castillo Vizcaíno
Periodista de ADN
Medellín
rafcas@eltiempo.com
En Twitter: @rajocavi

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