Detalles sobre la vida de Dayro Moreno, el goleador de la Liga
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Detalles sobre la vida de Dayro Moreno, el goleador de la Liga

José Miguel Rodas, uno de los grandes amigos del artillero de Millos, habló del tolimense.

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05 de abril 2014 , 03:36 p.m.

No se necesita de lluvia ni relámpagos para que Dayro Moreno electrifique con su pierna derecha a las defensas y a los arqueros rivales. Con las descargas de su botín deja paralizados a todos, tanto así que cuando él ha marcado este semestre (10 goles y líder en esta tabla), Millonarios no ha perdido.

El actual momento del delantero de Chicoral, corregimiento de Espinal (Tolima), de 28 años, no es casualidad, pues desde que corría por las calles del pueblo en el que nació, verlo celebrar era cotidiano y hasta ‘aburridor’ para sus contrincantes.

Quizás, ningún otro como José Miguel Rodas Jaramillo conoce más al goleador, quien espera volver a anotar este sábado, cuando desde las 5 p.m. Millos enfrente en El Campín al  Deportivo Cali.

José Miguel, quien además es el kinesiólogo de Once Caldas y uno de los mejores amigos de Dayro, fue su mano derecha cuando este daba sus primeros ‘guayazos’ con el equipo de Manizales.

“Tenía 16 años cuando llegó. Era diferente a todos y siempre se le veía con buena ropa y se echaba lociones finas. También llevaba buenos guayos y ya tenía la moda de los tatuajes y los aretes”, recuerda José Miguel, quien explicó que Dayro tenía un tío paterno que lo quería mucho. Era tan importante que, según cuenta Rodas, por él vio al alegre Dayro triste como nunca. “Fue en el 2005. Estábamos en Corea, en la ‘Copa de la paz’, y le contaron que su tío había muerto... Se puso muy mal, no tenía consuelo, pero igual sabía que no podía estar en el sepelio y salió a jugar”, dice Rodas.

Dayro es el tercero de cuatro hermanos: dos mujeres y un hombre, Marcio Romario, el menor (16 años) y quien está en las inferiores de Once Caldas. Además, ya es papá, de Salomé, y espera bebé con la cantante Lamar; se llamará Shantal.

La irreverencia de Dayro en la cancha también la tenía en el camerino con los referentes del Once de aquella época.

“Era un joven muy ‘confianzudo’. Le hablaba a todo el mundo y se metía en las conversaciones. Se fue ganando el cariño de todos los grandes: Juan Carlos Henao, Arnulfo Valentierra, Édgar Cataño... Era como la mascota”, recuerda José Miguel.

‘Peluca’, como le decían en aquel tiempo a Dayro, era tan desfachatado que con 17 años trató de hacerle un gol a Henao desde 50 metros. “Henao se enojó y le dijo que no le hiciera eso nunca más. Luego, Dayro se me acercó y, con cara de susto, me dijo: ‘Este man me regañó’”, recuerda con una carcajada José Miguel, quien lo que más destaca de su amigo ‘Peluca’ es su 'gran corazón'.

“Me decía que averiguara en las inferiores qué jugador estaba mal de guayos y luego mandaba a regalarle guayos. También les daba dinero a los jóvenes que estaban necesitados. Yo le decía que no hiciera eso, pero me respondía que no le importaba, que él quería ayudar porque iba a tener muchas cosas”.

Según Rodas, el artillero del torneo y el mejor jugador en la actual Liga también se destaca por ser agradecido: “En el 2011 nos debían tres meses de sueldo y varios empresarios le decían que pidiera su carta de libertad, que le tenían contratos para que se ganara hasta 4 millones de dólares, pero él les decía que arreglaran con el club, que no le iba a hacer eso al Once”.

Entre los recuerdos que José Miguel tiene de Dayro, hay uno que muestra la capacidad del delantero de Millos. “Un día, con la Sub-17 en Chicoral, dijo que iba a meter cinco goles porque estaba en su tierra, y los hizo”.

Miedos y deseos

Dayro, quien es literalmente una pesadilla para los adversarios, también tiene quien lo haga tambalear, y no son precisamente esos defensas de espalda cuadrada y más de 1,80 metros de estatura. “Algunas veces le daba miedo montar en avión. Yo siempre viajaba a su lado. Una vez, de regreso de un partido en México contra Monterrey, el avión se movió mucho y, asustado, se quedó dormido en mis piernas y lo arropé. Imagínese lo que se burlaron de nosotros”, cuenta.

El amor de Dayro por el fútbol empezó por su papá, ya fallecido, quien lo llevaba a la cancha principal del pueblo a jugar con los grandes. También a veces iban a Espinal. Allá mismo tuvo sus inicios con la noche y la rumba. “El nunca negó tomarse unas (copas) como sí lo hacen otros. A un par de entrenamientos llegó mal, pero siempre daba todo en la cancha. Yo en la semana le daba suero y Pedialyte; llegaba el momento del partido y hacía goles, es un diferente a todos”, cuenta su amigo sobre la noche de Dayro, como la noche de muchos otros 'cracks' del fútbol como Ronaldinho o Romario.

Para José Miguel y su nariz, no es difícil recordar una de las vanidades del goleador. “Le gustaba llenar las camisetas de buenas lociones. Cada frasco le duraba dos partidos. Los guayos debían estar impecables y usaba productos para el pelo: es un jugador de esos metrosexuales”, dice y se ríe.

En la última conversación que sostuvieron, el tema Selección Colombia apareció. “Me dijo que tenía muchas ganas de estar y que trabaja para eso. Igual sabe que en Brasil no termina todo”. Por ahora, José Miguel y Dayro siguen con su inmensa amistad, con su admiración mutua y celebrando con gritos sus goles a la distancia.

ANDRÉS FELIPE VIVEROS B.
Redactor EL TIEMPO

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