La 'mamá' de los barristas de Millonarios
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La 'mamá' de los barristas de Millonarios

Stella Cárdenas lidera una organización en honor a su hijo mayor, parte de los 'comandos azules'.

03 de febrero 2014 , 01:13 p.m.

Tal vez sea una casualidad, pero está vestida de pies a cabeza de color azul. Stella Cárdenas abre la puerta de su casa y adentro todo es del mismo color. En las paredes hay banderas de Millonarios pintadas. También fotos enmarcadas de la imagen de su hijo en las laterales del estadio.

Desde el 2009, su vivienda es el lugar de encuentro de barristas del equipo 'embajador'. Stella, que se aficionó por el fútbol a finales de los años sesenta (cuando era una niña), cuenta que en esa época nunca vio ni siquiera una ofensa por el color de la camiseta. “Era diferente. Compartíamos entre equipos. Llevábamos comida, era todo muy tranquilo”, dice hoy muchos años después y cuando ha vivido de cerca la vida de las barras bravas.

Su hijo mayor, Juan Manuel Triana, conocido como ‘Corti’, sin querer, la terminó metiendo en entre barristas. Sin querer porque solo hasta que él murió, supo lo que significaba para algunos seguidores del equipo capitalino (uno de los fundadores de ‘comandos azules’) y la “responsabilidad”, como ella dice, de tener que hacer algo por ellos. ‘Corti’ murió en el 2003 en un accidente de tránsito en California (Estados Unidos). Mientras su hermano lo llevaba al trabajo una camioneta los chocó. Juan Manuel murió de inmediato. Los responsables escaparon y en el caso nunca se hizo justicia.

A ‘Corti’ lo cremaron en ese país y sus cenizas las llevaron a Bogotá. “Él le decía a sus hermanos que cuando muriera lo cremaran. Siempre me pregunté por qué siendo tan joven (murió a los 22 años) pensaba en la muerte (…) la respuesta está en que hacer parte de una barra y ser un líder siempre es correr un riesgo”, dice. Y lo afirma con la experiencia que ha tenido desde que decidió volver a Colombia y meterse, casi como una ‘mamá’, en las barras.

Apoyo multitudinario a su hijo

“Volví y descubrí que había mucho afecto hacia mi hijo. Jóvenes con su cara y su apodo tatuado. Muchachos que me decían que él era un líder, que los defendía y le daba el valor que se merecía el equipo”, cuenta que cuando regresó al país, le propusieron crear una fundación, en honor a su hijo y que tuviera como fin buscar opciones laborales y escolares para los jóvenes. Ella aceptó, le puso como nombre Fundación Juan Manuel Triana y ofreció su casa para ser la sede. Desde entonces si alguna barra de Millonarios tenía que hacer una reunión, ya tenía dónde hacerla.

“Mi casa se convirtió en la casa de todos”. Y ella en la ‘mamá’ de muchos. Empezó a ir al estadio cada vez con mayor regularidad. Y en medio de las barras empezó a ver una dura realidad, según cuenta. “Aunque hay controles, es triste ver cómo entran armas, drogas (…) es innegable que muchos que no son hinchas encuentran una excusa en el fútbol para hacer desordenes”, dice esta abogada, que reconoce que muchas veces tuvo que ejercer su profesión con los jóvenes de las barras que se metían en líos. Ella habla de esas veces que, por peleas por el color de una camiseta, terminaban en problemas y en metidos en un URI (Unidad de Reacción Inmediata) o en el peor de los casos, en una cárcel.

Stella, que además de ofrecer su casa para reuniones y “mover” hojas de vida entre sus contactos para que los jóvenes de las barras que no tienen trabajo, lo consigan, dispuso parte de su vivienda para instalar una emisora por internet, dedicada al equipo albiazul y con espacios para reflexionar sobre el papel de un verdadero hincha, “que debe ser solo el de acompañar y alentar”, interrumpe Stella.

Más allá de las barras

Buscan también la “integración de los diferentes grupos de hinchas fortaleciendo la veeduría ciudadana y ejecutando proyectos que afiancen el concepto de solidaridad y conciencia social”, según la descripción de la página de la emisora, que contó con el apoyo económico para la compra de equipos de producción del padre Alirio López, creador del programa ‘Goles en paz’.

“Es un espacio en el que tienen su música, sus ideas, pero también en el que se trata de enviar un mensaje diferente hacia lo que se piensa que es ser hincha (…) tenemos estudiantes de comunicación social haciendo prácticas allí. Es algo que ha servido mucho”, dice Stella, quien recalca que ese tipo de espacios, de reflexión y de convivencia hacen falta para lograr vivir el fútbol sin violencia.

Pone como ejemplo el caso de Carlos Andrés Moreno, alias ‘Toledo’, el seguidor de Millonarios señalado de matar al sargento del Ejército Pedro Contreras, asesinado mientras defendía a su hijo porque tenía la camiseta de Santa Fe. “Cometió un error y debe pagarlo, pero su caso tiene que servir a otros. No puede seguir pasando eso y mientras la droga y las armas se vean en el estadio, será muy difícil que las cosas cambien”.

Cuestiona los proyectos de algunas alcaldías locales. “Se limitan a hacer un partido amistoso de fútbol o regalarles instrumentos musicales (…) muchos terminan vendiéndolos y ahí queda todo”, cuenta. Ella, que tiene contacto con más de 20.000 integrantes de barras (a través de redes sociales por donde publica opciones laborales), asegura que lo que falta son oportunidades labores, educación y mayor control en los estadios.

“Uno no se explica cómo adentro se ven tantas cosas”. Dice que es común ver drogas, armas y licor. “También jóvenes a los que se les nota que van a todo, menos a ver fútbol. No saben qué jugadores hay y algunos ni cómo termina el marcador”. En medio de las tribunas está ella, quien asegura: “Nadie se mete conmigo así los regañe o los reprenda por cosas que, creo, indebidas”.

Este día el garaje de la casa ‘azul’ está abarrotado de costales llenos de ropa. Cuenta que todavía está recogiendo prendas de segunda para repartir. “Por lo general lo hago en Navidad, pero esta vez se me ‘alargó’ más porque conseguimos más ropa de la que creímos”. Habla en plural porque siempre incluye a sus “muchachos”. “Los hinchas de verdad, los que van al estadio por amor y por pasión”, repite.

Stella continúa con la fundación, con la que ha conseguido becas y trabajos para los jóvenes. También con la emisora, con la que abrió un espacio para reflexionar. Y espera, en los próximos meses, abrir un “centro de bienestar. Un lugar donde los muchachos que tengan problemas de drogas puedan recibir un tratamiento digno y encuentren tranquilidad”, asegura.

REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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