El drama de Toño Rada, figura del 4-4 de Colombia con la URSS
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El drama de Toño Rada, figura del 4-4 de Colombia con la URSS

El goleador permanece en una cama, sin poder caminar, en su casa frente al estadio Roberto Meléndez.

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30 de octubre 2013 , 04:49 a.m.

A las 6:50 de la tarde del viernes 11 de octubre pasado, cuando aún era ruidosa y multitudinaria la celebración barranquillera por la clasificación de Colombia al Mundial de Fútbol de Brasil, la felicidad se apoderó de Toño Rada.

A la segunda habitación de su residencia de la calle 46, número 10A sur-32, justo al frente de la gradería occidental del estadio metropolitano Roberto Meléndez, escenario del vibrante empate 3-3 con Chile, ingresaron para visitarlo sus amigos Marco Coll, ‘Cuca’ Aceros, Arturo Segovia, Alfonso Cañón, Luis Montaño y Juan Carlos Torres.

–¡Qué alegría me han dado, carajo! –dijo, con calidez, levantando aún más la cabeza de la cama, donde permanece postrado desde cuando fue sometido a una segunda operación de próstata–. ¡Mañana camino!

Coll se acerca, lo abraza y le da un beso en la cabeza.

–Me han puesto el corazón chiquito –agrega Antonio José Rada Angulo, hoy de 77 años.

Detrás de Coll está Aceros, y también lo abraza. Rada, bromeando, le dice:

–‘Cuquita’, acuérdate de que yo soy el mayor.

Uno a uno pasan los integrantes del grupo del programa Adulto Mayor, de la Presidencia de la República (además, un hijo de Coll), que, al abandonar el estadio, tras el partido de la clasificación, solo atravesaron la calle para llegar a la casa. Se toman fotos y evocan recuerdos.

–‘Caimán’ (Efraín Sánchez) y Senén (Mosquera) se quedaron en el carro. No pueden caminar mucho. Te mandan saludos –le dice Torres, coordinador del grupo.

Rada responde:

–Igualmente.

Llama a Coll y, cuando está a su lado, mira al testigo excepcional de la visita, este periodista de EL TIEMPO.

–Este es el hombre que vende su botín derecho a cada rato por 300.000 pesos –dice.

Todos ríen. Hace referencia a que Coll, con el pie derecho, es el autor del único gol olímpico en la historia de los mundiales de fútbol, anotado en Chile 62, en aquel memorable empate 4-4 con la Unión Soviética.

–Marcos (sic): esta experiencia de hoy la vivimos nosotros en Arica, pero en un mundial, con la misma desventaja de tres goles –comenta Rada–. Hoy, cuando terminó el partido, sentí la vibración de ‘esto lo hice yo, esto lo hice yo’. Lloré.

Coll se sorprende. Sabe que Rada, compañero suyo, al igual que Aceros y Sánchez en aquella selección que participó por primera vez por Colombia en un mundial de fútbol, es duro, no hombre de llanto.

–Yo te visito esta semana que viene –le promete Coll, que también vive en Barranquilla, y se despide con otro beso en la cabeza–. Que Dios te bendiga.

Uno a uno se despiden. A Aceros, autor del primer gol contra los soviéticos en Chile 62, Rada le pide un favor:

–Ahora que estés en Bucaramanga, búscate a Reinaldo da Silva (exfutbolista brasileño), pero sin decirle nada. Entonces, cuando estés al lado, me lo pasas al celular.

Aceros promete comunicarlo y es el último en salir, 11 minutos después de la llegada.

* * * *

Veintiséis minutos antes, Claudia Rada, hija del ‘Cañonero’, como se conoció a Rada por su potente remate de derecha en los tiempos de futbolista con varios equipos profesionales del país y la Selección Colombia, invitó al periodista a entrar a la casa cuando apenas llegaba para recordar la cita fijada al día siguiente.

–Mi papá está despierto –dijo con amabilidad Claudia, que observaba a escasos dos metros cómo millares de barranquilleros y visitantes celebraban, emocionados, en medio de estruendosa y variada música, la clasificación colombiana.

En el fondo del cuarto, con paredes pintadas de verde claro, iluminado por una bombilla a la entrada de la puerta abierta y refrescado por un abanico Samurai, Toño esperaba sonriente, afeitado, con la camiseta amarilla de Adulto Mayor, gafas y la almohada doblada en dos mientras permanece acostado en la cama-clínica que había recibido tres días antes. Tenía, por fin, con quién conversar sobre el partido que había visto por televisión, marca LG de 19 pulgadas, aún encendido sobre un mueble de madera, cerca de un trofeo de goleador.

–Aquí estaban mi hija, que solo gritaba, y dos sobrinos –dice de inmediato–. Estos muchachos de la Selección sacaron hoy tres corazones. El equipo tuvo un buen segundo tiempo, con el ingreso de ese gran jugador Macnelly Torres… Pensé en el empate con el gol de Teo… Pero hoy me pusieron a sufrir.

Esa última palabra la ha padecido en carne propia el goleador del pasado. Que esa tarde, ya casi de noche, está de buen humor.

–Mira: ya muevo las rodillas, mira cómo las levanto –dice, apartando la sábana blanca que cubre las extremidades inferiores–. Antes ni las movía. Me dolían mucho.

* * *

Claudia, su hija, relata que Toño perdió del todo su aptitud para caminar a comienzos de septiembre pasado, cuando se apoyaba en un caminador. Hasta el 12 de julio, cuando ingresó a una clínica para la primera de dos operaciones de próstata, lo hacía por sus propios medios.

–Él no sabe la enfermedad que tiene –dice Claudia fuera de la habitación–. El problema es que se desconoce el origen y le impide caminar. Hasta ahora los exámenes no arrojan ningún resultado sobre el sitio.

Claudia dice que su padre a veces se deprime y no come. Precisamente, cuando siente dolor.

–Entonces grita porque no soporta –afirma la hija–. Se pone de mal genio.

Regreso a la habitación. Le reitero lo que siempre he pensado: que fue la figura del 4-4 en Chile, porque marcó el tercer gol y participó en dos, incluyendo la magistral jugada para dejar en posición anotadora a Marino Klinger, que empató.

–Eso lo dejo a consideración de ustedes, los periodistas, que son mis amigos –dice, emocionado–. Mira que hace días hablé largo con mi compadre Hernán Peláez Restrepo...

A un periodista, Francisco Figueroa Turcios, del portal noticioso lachachara.co, Rada le pidió: “No me dejen morir”, al revelar su crítico estado de salud.

Me despido y prometo regresar. Son las 7:49 de la noche. Cuatro jóvenes con acento antioqueño consumen cervezas sentados en una mesa situada en la terraza de Rada, porque las instalaciones del negocio contiguo a la casa, restaurante y estadero La Fonda Paisa, no da abasto. Les pregunto si saben quién es el ‘Cañonero’. Responden de manera negativa.

El fervor de la clasificación no baja en los alrededores del estadio. En la calle, cerca de 800 jóvenes corren de sur a norte y luego se regresan a la espera de que aparezca el gigantesco bus, con placa SOQ 280, de Soacha, y cuyo letrero reza ‘Rumbo a Brasil 2014’, que transporta a los clasificados al mundial del próximo año. Desconocen que a 35 metros, en la casa pintada de blanco, permanece en cama uno de los héroes del primer mundial para Colombia.

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO

 

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