La historia del 'Caimán', el primer colombiano en el fútbol argentino
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La historia del 'Caimán', el primer colombiano en el fútbol argentino

Efraín Sánchez recuerda cómo se dio su contratación con San Lorenzo, hace 65 años.

07 de mayo 2013 , 11:01 a.m.

Aún ahora Efraín Sánchez no se explica la razón de haberse rezagado y caminar por el costado izquierdo, cuando sus compañeros iban por el opuesto, y escuchar solo la propuesta que lo convirtió 20 semanas más tarde en el primer futbolista colombiano en actuar en un campeonato profesional de talla mundial, hace 65 años. (Dorlan y Yoreli hacen historia entre los colombianos en el exterior)

–Negro: ¿a vos no te gustaría jugar en el fútbol argentino con el San Lorenzo de Almagro? –le preguntó René Pontoni, estrella de Argentina, que caminaba en sentido contrario, por la recepción del hotel donde se alojaba la selección gaucha en Guayaquil (Ecuador), sede del Torneo Suramericano (hoy Copa América).

Era la tarde del domingo 7 de diciembre de 1947. Al espigado joven de 21 años, nacido en Barranquilla, 1.569 kilómetros al norte de Guayaquil, lo tomó por sorpresa la respuesta de Pontoni a su saludo. Pontoni era uno de los delanteros escogidos para el torneo por votación popular –convocada por la Asociación de Fútbol Argentino (AFA)–, junto con Alfredo Di Stéfano, José Vicente Moreno, Félix Loustau, Norberto Méndez y Mario Boyé.

–Hombre, René: esa siempre ha sido mi gran ilusión: jugar en Argentina –respondió sin ocultar los nervios por hablar con su ídolo. Sánchez, arquero titular de Colombia, había sido figura en los dos primeros partidos hasta entonces de la selección (0-2 con Uruguay y 0-0 con Ecuador).

–Bueno, negro, regresa el miércoles aquí al hotel y contacta a Nicolás Guisarri, delegado de AFA y miembro del San Lorenzo –dijo Pontoni–. Con él puedes hablar y llegar a un acuerdo.

La conversación fue fugaz; nadie se percató. Al rato, Sánchez estaba reunido con sus compañeros en la visita de cortesía a Argentina, ese día de descanso, que programó el director técnico del seleccionado colombiano, el argentino Lino Trayoli.

Sánchez, algunos miembros de la delegación nacional, los argentinos, y el periodista y escritor Álvaro Cepeda Samudio (condiscípulo suyo en el Colegio Barranquilla) aparecen en la única foto que quedó de la visita, tomada por ‘Quique’ Scopell, uno de los miembros del Grupo de Barranquilla.

El arquero no le comentó a nadie. El miércoles buscó a Guisarri y arregló todo: 3.500 dólares de prima anual y 750 dólares de sueldo mensual hasta diciembre, además de premios. El dirigente argentino le dijo que comprara el tiquete aéreo a Buenos Aires, que cuando llegara le reintegraba el dinero. Lo esperaba a comienzos de febrero de 1948.
Tampoco habló del arreglo económico con nadie.

Nace el ‘Caimán’

Augusto Humberto Sánchez y Clara Anselma Casimiro, los padres del futbolista, fueron los primeros en enterarse al regreso de Ecuador. El progenitor prestó el dinero para comprar el tiquete. En los primeros días de febrero de 1948, a bordo de un DC de Panamerican que hizo escala en siete ciudades y tardó 27 horas, el arquero llegó a la capital argentina.

Era el tercer futbolista colombiano contratado en el exterior, después de sus amigos barranquilleros Roberto ‘Flaco’ Meléndez (el primero) y Fulgencio Berdugo, quienes actuaron en el Centro Gallego, de Cuba.

–Llegué en carnavales –recuerda Sánchez, de 87 años, en su apartamento de Bogotá, donde reside–. Viajé con una maleta. Me acondicionaron el apartamento de dos piezas en un local de ventas de autos. Por esos días me llevaron a la fiesta que tenía el San Lorenzo de Almagro.

El 18 de febrero de 1948, en el periódico barranquillero La Prensa, Henrique Ruiz Machuca, ‘Lagardere’ (el creador de la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos, Acord), comentó la carta que le envió Sánchez con detalles sobre esa fiesta, en una columna titulada ‘Luces de Buenos Aires’.

–Amigos, ¿qué quieren ustedes que yo haga para pagarles tantas bondades? –contó Ruiz Machuca que les dijo el colombiano.

–Che, que le ganés al Boca Juniors –respondió el animador de la fiesta.

En esos primeros días en Buenos Aires, el club presentó al barranquillero. Cuando le correspondió la entrevista con Crítica, el diario de mayor circulación, el periodista preguntó en qué lugar había nacido.

La respuesta dio lugar al titular: ‘El caimán nos lo envían desde Barranquilla’, en alusión al coro de la cumbia del maestro José María Peñaranda, de repercusión mundial, que en Argentina se conoció en la voz de Johnny Álvarez:
“Se va el caimán, se va el caimán, / se va para Barranquilla”.

A partir de ese momento, en Argentina y en el mundo, lo llamaron ‘Caimán’ Sánchez.
Incluso en Barranquilla, donde le decían ‘Robapollo’, por ocurrencia de amigos futbolistas, como ‘Vigorón’ Mejía y Humberto Picalúa.

Figura en Buenos Aires

San Lorenzo de Almagro, uno de los cinco equipos grandes de Buenos Aires, tenía como portero titular a Mierko Blazina, italiano de nacionalidad yugoslava, a quien le decían ‘el arquero de los nervios de acero’.

Sánchez fue asignado al equipo de reservas, conocido como el de tercera división. Y desde el inicio, por sus atajadas, se robó los aplausos en los partidos preliminares.

–Blazina me ayudó mucho con secretos en el arco –dice Sánchez–. Y crecí, hasta el punto de que el público reclamó mi titularidad en el primer equipo. Esta llegó también porque Blazina falló.

Colombia no tenía todavía fútbol profesional el 25 de abril de 1948, 16 días después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá, donde aún se desarrollaba la novena edición de la Conferencia Panamericana.

Ese domingo debutó en primera el ‘Caimán’, pero la noticia del día se produjo en Montevideo: la muerte de Gerardo Matos Rodríguez, compositor de La cumparsita, según muchos el más famoso tango de la historia.

–Ganamos 5-2 a Gimnasia y Esgrima, en La Plata –asegura Sánchez, haciendo gala de su memoria intacta–. Me hice un gol al tratar de despejar la pelota. Pero de ahí en adelante no dejé de salir en hombros.

En un recorte de los medios impresos argentinos, publicado por La Prensa de Barranquilla el sábado 8 de mayo del 48, se dice que el colombiano fue “el mejor hombre de la tarde”. El comentario fue: “Y jugaba Pontoni”.
Pontoni, quien más tarde jugó en Santa Fe de Bogotá, era la estrella del continente, tanto que un joven que no perdía partidos de San Lorenzo como local en aquellos años recuerda un gol suyo y afirma que por el mismo “... casi merecería un Premio Nobel”.

El de Almagro era y es el equipo de sus amores. Seguramente también ovacionó y sacó pañuelos al ‘Caimán’ Sánchez, ese joven que hoy responde al nombre de Jorge Bergoglio, pero es más conocido en el mundo como el papa Francisco.
Sánchez regresó a Barranquilla el 23 de diciembre de ese año convertido en héroe.

Una caravana lo acompañó desde el aeropuerto hasta su casa de la calle 67 entre carreras 45 y 46, en el barrio Boston, donde aún hoy viven sus familiares. Allí, según registra La Prensa, había 500 aficionados.

Al año siguiente volvió a Buenos Aires, casado con Xiomara Hernández, para seguir con San Lorenzo, que estrenaba como director técnico a Cuesta Silva.

La piratería se había apoderado del fútbol profesional colombiano apenas unos meses después de su creación (el 15 de agosto del 48) y un comisario allegado a los Ortiz, familia argentina amiga del arquero, lo alertó.

–Se va a armar cipote tierrero que va a destrozar al fútbol argentino –asegura el ‘Caimán’ que le dijo el comisario–. Ojo: no se meta en problemas.

Sánchez regresó a Colombia, en septiembre de 1949, luego de 20 partidos como titular en dos años (hubo interrupciones constantes), y se vinculó al América de Cali.

–¿Se vino porque en Colombia con El Dorado se pagaba mejor? –le pregunto.

–No, me pagaban igual que en Argentina –responde–. Regresé porque me mandaron a la banca y el técnico Cuesta Silva me juró que iba a sufrir con él.

–¿Por qué razón?

–Porque le hice caso al comisario y me negué a mandar amigos suyos al fútbol colombiano. Por eso no seguí en Argentina, pero me queda el honor de ser el primero de mi país en un fútbol grande. Abrí el camino a tantos compatriotas que ahora, como Falcao García, triunfan en las principales ligas del mundo.

Estewil Quesada Fernández
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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