Elogio al volante de marca en la Selección Colombia (opinión)
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Elogio al volante de marca en la Selección Colombia (opinión)

Abel Aguilar fue el eje del medio campo el día que Colombia nos enamoró.

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09 de septiembre 2012 , 08:07 a.m.

Lo recuerdo flaco, igual que ahora, pero con menos barba y cara de niño. Lo vi en el Suramericano Sub-20 que ganó Colombia en el 2005 y lo volví a encontrar en el 2009, en Medellín, ya con la Selección mayor. Creció (mide casi 1,90m) y sus declaraciones me dejaron saber que maduró mucho.

Hoy es un señor. Un señor volante central, que demostró contra Uruguay, en la mágica victoria tricolor por 4-0,  que no importa cuántos minutos acumule ni cuántos problemas físicos pueda sufrir antes de llegar a una Selección: cuando se pone esa camiseta amarilla se crece, se inspira, se mata.

Abel Aguilar es una especie de gitano que salió del Cali –prematuramente- al Udinese y se dedicó a trasegar por la primera y la segunda división de España. No ha logrado estabilizarse, pero no por falta de calidad. La suerte, tristemente, también va a la cancha.

Pero después de ver ante Uruguay su autoridad en el medio, su personalidad para sacarse de encima con la misma entereza al recio Diego Pérez que al talentoso Diego Forlán, su inteligencia para pasar el balón y su valentía para meterse al área rival y ayudar incluso con un gol –el primero, de Falcao- ¿a quién le importa que no firme contratos más serios?

Aguilar no necesitará ya de la autorización de nadie, excepto el técnico José Pékerman, para abrirse un espacio en la nómina titular de la Selección nacional. Criticarlo ya no será tan simple porque tendrá a su favor eso que muchos le reconocemos también a un hombre como Mario Yepes: puede que no aparezcan en las portadas de los medios internacionales o que tengan muy pocos minutos de fútbol, pero hay que ver en qué jugadores se convierten cuando se visten de amarillo, azul y rojo.

Por supuesto que debe estar preocupado Carlos Sánchez, quien llegó sin fútbol a esta convocatoria y por eso, a pesar de que era ‘fijo’ entre los 11, tuvo que ceder su puesto. Aguilar es un luchador, un guerrero, un ejemplo de sacrificio. Por eso es dificilísimo arrebatarle algo cuando por fin lo tiene agarrado: ¡que lo digan los atacantes uruguayos!.

Capítulo aparte merecerá Edwin Valencia, ese a quien tanto se extrañó en anteriores procesos de selección y que mostró toda su maestría y ese toque de fútbol brasileño que enloqueció a los uruguayos. Hoy es el turno de Abel, del enorme Abel, ese que a fuerza de talento reivindica el papel del marcador en el fútbol. A sus pies, hoy, señor Aguilar.

JENNY GÁMEZ
Editora diario ADN
jengam@eltiempo.com
En Twitter: @jennygameza

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