Simao Sabrosa volvió al estadio de sus éxitos, el Vicente Calderón
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Simao Sabrosa volvió al estadio de sus éxitos, el Vicente Calderón

El jugador portugués marcó el único tanto del Besiktas que cayó 3-1 ante el Atlético de Madrid.

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08 de marzo 2012 , 11:46 a.m.

Simao Sabrosa volvió al Calderón, el estadio de sus éxitos, agradecido a su antiguo equipo y a la hinchada, que no ha olvidado su compromiso con los colores rojiblancos, ese con el que levantó dos títulos en 2010, la Liga de Europa y la Supercopa continental.

"Si marco un gol no lo celebraré. Es una alegría poder volver al estadio Vicente Calderón, a mi casa", declaró el extremo la víspera del encuentro ante el Besiktas.

"Simao, Simao, Simao, Simao..... Simao, Simao", le respondió la grada cuando saltó a la hierba en agradecimiento a sus palabras, y a sus hechos. Porque el portugués fue fiel a su palabra. Marcó un gran tanto (3-1), pero no lo festejó, a pesar de la importancia que pueda tener en el desenlace de la eliminatoria.

El extremo militó tres temporadas y media en el Atlético durante las que fue imprescindible para los técnicos que le dirigieron, el mexicano Javier Aguirre, Abel Resino y Quique Sánchez Flores. Sus números lo dicen todo.

Llegó al Manzanares en el verano de 2007, procedente del Benfica, y desde entonces jugó 168 partidos oficiales (149 como titular) con la elástica del oso y el madroño. De ellos, 113 en Liga, quince en Copa del Rey y cuarenta en torneos continentales.

Y anotó 32 goles, pero en la retina de los rojiblancos aún se visualizan dos. Uno, el que firmó en la Liga de campeones ante el Apoel en Chipre (1-1), un gol que concedió el pasaporte a los madrileños para la Liga de Europa, cuyo trofeo se levantó al cielo en la histórica noche de Hamburgo.

El otro, en la Copa del Rey, en el Vicente Calderón, en una ronda que al Atlético se le había puesto, contra pronóstico, muy cuesta arriba. El Recreativo, de Segunda División, le derrotó 3-0 en la ida en el Colombino.

Y en la vuelta, con 4-1 a favor, Simao se sacó de la manga un golazo, de falta directa desde el borde del área, que clasificó al equipo y provocó un estallido de alegría en las tribunas como hacía tiempo no se vivía.

Por eso, Simao es uno más en la tribu rojiblanca. Da igual que ahora se acerque al Calderón como visitante, con otra camiseta, defendiendo otro escudo. Incluso que perfore la portería de Courtois.

El portugués dejó grabada a fuego su estancia en Madrid. Es uno de los héroes de 2010, el año que rompió con catorce de larga sequía, el que hizo feliz a muchos. Obrigado, Simao.

EFE

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