Bogotá despidió el Mundial Sub-20 por lo alto: ¡gran clausura!
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Bogotá despidió el Mundial Sub-20 por lo alto: ¡gran clausura!

Alguien decía con mucha justicia: la sencillez es la base de la elegancia. Y sí que fue cierto en el adiós que le dio Bogotá al

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20 de agosto 2011 , 05:11 p.m.

Alguien decía con mucha justicia: la sencillez es la base de la elegancia. Y sí que fue cierto en el adiós que le dio Bogotá al Mundial Sub-20. Un espectáculo sin pretensiones, pero muy digno de un certamen de la categoría del que concluimos, fue el que vieron los asistentes en el estadio El Campín. Los responsables: la Fundación Festival Iberoamericano de Teatro y el Teatro Nacional.(Vea la galería de la espectacular clausura).

Fue un espectáculo inspirado en la concepción muisca del eclipse, que no era otra cosa sino un acto de amor entre el dios Sol y la diosa Luna que dio como resultado a la tierra. Los tres fueron representados por enormes esferas suspendidas a los lados de la cancha, testigos privilegiados de un show que desde el comienzo dio la sensación de estar hecho por expertos.

Lo primero fue oscurecer la cancha. No, no era necesario taparla ni acudir a tapetes estrafalarios. En medio de la penumbra, los dioses, Xué y Chía, amantes eternos para los muiscas, se juntaban sobre los arcos, acompañados por acróbatas que poblaron el césped. Los tambores fueron los cómplices perfectos para generar esa sensación de latido de corazón que se requería. Por la tribuna sur aparecieron, dirigidos por seis niños, los percusionistas. Y la fiesta se armó en El Campín. Un juego de luces simuló un balón que poco a poco tomó la forma de un balón y terminó siendo un globo, del que fueron saliendo los nombres de los países participantes en el Mundial. AL final, un mapa de Colombia y un segundo para apreciar el nombre del país sobre el césped. Lindo y elegante se vio el espectáculo en la tribuna.

Entonces, entró el batallón de soldados, que, vestidos de blanco, hicieron lo que saben: marchar, trotar, hacer movimientos básicos pero plenamente coordinados. La diferencia la hizo el concepto: los distribuyeron en el césped de tal manera que parecieron muchos más de los que estaban, en perfecta formación imitaron un balón, un guayo persiguiéndolo y al final, una flor que se abre y se cierra con un movimiento básico de brazos y piernas. Las luces pasaban entre los soldados simulando especies nativas colombianas, entre las que contamos gaviotas, ranas y lagartijas. Perfecto. Así se vió.

Al cierre, el toque musical de ChocQuibTown, tan colombiano, tan alegre. Prendieron la rumba y el resto del trabajo lo hicieron los juegos pirotécnicos: al ritmo de los tambores estallaba la pólvora y se encendían las tribunas de júbilo.

Se veía el trofeo al fondo mientras el cielo sobre El Campín hacía que abajo todo se viera claro. Sincronización total.

El sonido, la música y la alegría se juntaron con el profesionalismo de quienes organizaron la ceremonia de clausura. El adiós fue con tribunas vestidas de amarillo, azul y rojo, un público para quitarse el sombrero de principio a fin en Bogotá y un sonoro coro: "¡se lució, Colombia se lució! .

Sencillo, impecable, elegante y a la altura de un espectáculo de talla mundial.

No era tan difícil, después de todo.

JENNY GÁMEZ- REDACCIÓN ADN .

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