Un antes y un después en Colombia
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Un antes y un después en Colombia

La TV muestra estadios espléndidos, campos de impecable verdor y una prolija puesta en escena. Previo a los juegos, al comienzo de l

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31 de julio 2011 , 03:16 p.m.

La TV muestra estadios espléndidos, campos de impecable verdor y una prolija puesta en escena. Previo a los juegos, al comienzo de las transmisiones, emiten imágenes de Colombia, de sus bellas ciudades (que seguro asombrarán a muchos extranjeros que lleguen por estos días). Al paso, reconocemos la belleza de Medellín, de Bogotá, la casita paisa, un Botero, tantas imágenes familiares...

El Mundial está ahí, rodando, es real. Como suramericanos nos alegra que un país entrañable como Colombia ganara primero la puja por hospedarlo y luego dé el espectáculo más trascendente: el de su eficiencia organizativa, su rostro de nación pujante, confiable. La gloria futbolística, si llega, mejor, pero hay que apuntar a la vidriera que es un Mundial.

Nos preguntan por la edición 2001, realizada en la patria del tango. No hay comparación posible. La FIFA concedió el torneo a la Argentina a manera de homenaje por ser múltiple campeón del mundo en la categoría y la AFA hizo un torneo austero, en el que mínimamente se adecuaron los estadios ya existentes del Mundial '78. Apenas se presentó uno nuevo, en Salta, un modesto coliseo para 21.000 espectadores. No hubo inversión estatal y coincidió con una época estrepitosa de la Argentina. La economía estaba cayendo en picada desde un piso 40 e iba por el 20... El Gobierno era un tembladeral, la organización fue asumida sólo por la AFA y no tuvo otras pretensiones que deportivas. Al menos la Celeste y Blanca ganó una nueva corona de la mano del maestro Pekerman y de los pies de Saviolita, que anotó la cifra récord de 11 goles.

Lo de Colombia es completamente diferente. La República ha adoptado el reto del montaje. La idea, a través del Mundial, afianzar la marca-país, mostrar una Colombia segura a la que se puede ir, con la que se puede contar, a la que vale la pena conocer. El rédito puede ser enorme. No hay que pensar en recibir a miles de turistas, estos torneos no captan ese flujo. En cambio sería deseable que cientos de millones vean los partidos y aprecien la mayor cantidad de imágenes posibles de la cancha hacia fuera.

Según informó Luis Bedoya, Colombia ha invertido 115 millones en la remodelación de sus escenarios. Una cifra moderada, lógica, que debe contentar a su ciudadanía: han sido magníficamente aprovechados. Noticias de prensa indican que sólo la reconversión del Maracaná para 2014 costará 650 millones de dólares...

En Sudáfrica asistimos a los estadios Ellis Park y al de Pretoria, construcciones antiguas correctamente remozadas y que sirvieron muy bien para el propósito mundialista. No es necesario hacer gastos obscenos. Debe primar siempre la idea de hacer un Mundial bonito y criterioso, con una organización seria y con alto nivel de trabajo.

Colombia lo ha entendido y ya puede ir descontando el éxito de su Mundial. Que será un antes y un después en la historia de su fútbol.

JORGE BARRAZA- PARA EL TIEMPO .

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