Sobre la inauguración del Mundial, no se puede tapar el sol
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Sobre la inauguración del Mundial, no se puede tapar el sol

En medio de la fiesta del fútbol, es imposible evitar el sinsabor que dejó el pasado viernes el acto inaugural del Mundial Sub-20

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30 de julio 2011 , 02:52 p.m.

En medio de la fiesta del fútbol, es imposible evitar el sinsabor que dejó el pasado viernes el acto inaugural del Mundial Sub-20 en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez. Yo, como barranquillera, no podía creer lo que veía: en una cancha tan grande, los 2.011 bailarines ni se notaban. El campo parecía desolado cuando la televisión mostraba su panorámica.

El acto, del que se calcula fue visto por unas 400 millones de personas en todo el planeta, no fue bueno. Los 32 minutos del show se hicieron eternos, aunque sus protagonistas mostraron alegría al cantar y bailar distintos ritmos del país. La inauguración fue muy simple, floja y desordenada. Incluso, varios danzantes no agarraron el paso. No parecía un espectáculo mundial sino colegial.

Las luces fallaron. La penumbra fue general. Varios colegas y amigos -también barranquilleros-, escribieron en sus cuentas de Twitter: "Parecen cuatro hormiguitas en la cancha". "No vimos a Jorge Celedón, porque en las pantallas, no lo mostraron". "Todo fue hecho para occidental". "Fue muy pobre"...

No hay que tapar el sol con un dedo. Los nueve meses de ensayos parecieron tres días por lo visto en escena. Hace 10 años, la misma coreógrafa, Rosanna Lignarolo, fue la encargada de la inauguración de la Copa América-2001 y resultó mucho mejor. Pero, sin duda, la de los Juegos Suramericanos del 2010 en Medellín no tiene punto de comparación. Esa fue, a la vez, espectacular, universal y con mensaje nuestro.

Esta no es una discusión regional. Es un asunto de país. Barranquilla sabe hacer cosas grandiosas: ¡su Carnaval es la mejor muestra! pero lo del viernes no pasó la prueba.

Mike Schmulson, el abuelo sabio del periodismo barranquillero, criticó abiertamente la inauguración y la calificó de muy deficiente y el no ser un acto mundial. Y, para rematar, Juan Manuel Santos, el Presidente de Colombia, de rolos, costeños, paisas, vallecaucanos, de todos; no pudo dar su discurso porque el sonido falló... ¡Sin palabras! .

Una cosa sí nos erizó: cuando 44.569 asistentes gritaron con el dolor del alma "¡Joeeee, Joeee!", al momento de oír ese segundo himno de Barranquilla: En Barranquilla me quedo. ¡Eso fue lindo y muy nuestro, así no lo hayan entendido en todo el mundo! .

Claudia Aguilar Ramírez - Redactora de Deportes EL TIEMPO .

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