Domingo 21 de marzo de 2010 - Actualizado hace
Los hinchas del Deportivo Pasto se hicieron presentes en el estadio de Compensar en Bogotá.
LEONARDO CASTRO / CEET
Si algo puede caracterizar los pastusos, es su lealtad y fidelidad. Y esas dos virtudes había que lucirlas en el primer partido del Pasto con Academia, un encuentro que tendría una gama de momentos.
Unas de cal y otras de arena, subidas y bajadas, igual que una montaña rusa. Bogotá, una ciudad en donde siempre se han sacado buenos resultados, sería el termómetro para medir no sólo al equipo, sino también la fidelidad de los cientos de pastusos radicados en la capital. Y así fue.
El día anterior nos encontramos en el chat, hablamos y nos pusimos una hora y lugar de encuentro. "A las 2 pm, en Compensar". En punto, cada uno de nosotros fue llegando. Con la camiseta puesta, haciendo alarde de su tierra y con el típico orgullo nariñense. Un abrazo fraterno de bienvenida y la convicción de salir tan felices como habíamos entrado. Ya en las graderías, un coro empezó a escucharse: "¡Oe oe oe oeeee, Pasto, Pasto!". Todos parecían una voz que se iba, poco a poco, agrandando.
Una conversación tendríamos antes del pitazo inicial. Discutimos las novedades que este año tiene el equipo y el resultado de los juegos amistosos que había disputado en la pretemporada con Millonarios y otros equipos colombianos, incluso hasta extranjeros. Sin querer, un amigo tocó el tema del descenso en el que habíamos caído el año anterior: nuestros rostros de inmediato se tornaron tristes y melancólicos, pero al mismo tiempo alguien pronunció esta frase que se quedó en el corazón: "En la A o en la B, al Pasto acompañaré".
Los nervios de ver a nuestro equipo en la cancha eran evidentes, y los medios de comunicación ya estaban listos para la transmisión. Un grito que no salió de nosotros alborotó las graderías del estadio. Era Academia, el rival; sus hinchas cantaban y silbaban. De un momento a otro, Julián Meza, arquero del Pasto, encabezó al onceno esperado. El papel picado y los gritos no se hicieron esperar. Después de los himnos y las fotos de protocolo, el árbitro pitó el comienzo de 90 minutos de fútbol.
Un inicio marcado por la esperanza de ser los ganadores, sin embargo, el equipo rival nos acorralaba. Y al minuto 13, un silencio opacó la bulla del primer gol: Urquijo nos ponía en desventaja. Con las gargantas secas de tanto gritar y alentar al Pasto, terminamos los primeros 45 minutos. Los siguientes 15 fueron para un tinto y una buena reflexión.
Como si fuéramos técnicos, comenzamos a plantear el segundo tiempo. El equipo necesitaba mejorar en ataque, sabíamos que Academia era fuerte, pero de todas maneras Pasto podía superarlo con amplia diferencia. Un cuarto de hora que fue apto para calmar esa ansiedad de victoria y reencontrarnos con amigos o, como decimos en nuestra tierra, paisanos. Los inigualables chistes que no podían faltar y las palabras propias de la región dispersaron un poco el ambiente de inconformidad que teníamos.
Seguros de llevarnos los tres puntos, iniciamos el segundo round. Los once pastusos lo daban todo en la cancha, pero el arco rival se cerró por completo. Pasto atacaba, y nuestro corazón se aceleraba, pero nada concreto. Los gritos en contra del árbitro no se hicieron esperar, pues las falencias del juez fueron evidentes. Ante esta situación, sólo podíamos hacer algo: solucionarlo. Y ¿con qué? Con un poco de nuestro humor, el 'Cuy... Sabor', que contagió hasta a los hinchas rivales.
El encuentro estaba en suspenso, los cambios ya se habían agotado, Pasto no mejoraba en su parte ofensiva, Academia seguía luchando. Los 4 minutos de reposición, que fueron una eternidad. Con el Cristo en las manos, y encomendándonos a la virgen de Las Lajas para que el empate llegara, terminó el partido. Tristes e inconformes, pero también con la mentalidad de mejorar y seguir alentando a nuestro equipo, salimos despacio, intentando recopilar todo el partido, recordando las faltas y las oportunidades de gol desperdiciadas.
Esa última conversación antes de despedirnos arrojó una breve y concisa conclusión: nos sobra arquero, pero nos urgen delanteros. Y así, cada cual se fue para su casa, esperando otra oportunidad para ver al glorioso Deportivo Pasto en Bogotá. Pero esta vez con un propósito en el que no cabe discusión alguna: ¡ganar y celebrar!
Diana Carolina Santa Cruz Pérez
Especial para Futbolred.com
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