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Domingo 18 de octubre de 2009 - Actualizado hace

Con muy poco, Itagüí estuvo a punto de llevarse un gran premio de Bogotá: 2-2

El arquero Jaime Bran Gómez, de Itag\u00FCí Ditaires, celebra el segundo tanto de eu equpo en el partido con Bogotá: fue empate 2-2

Carlos Eduardo González / FUTBOLRED

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El equipo antioqueño estuvo dos veces arriba en el marcador, pero en el minuto 90 permitió el gol del empate que hizo justicia para el local, que fue mucho más en el partido.

Sin una propuesta futbolística diferente a la de rechazar y tirar balonazos a sus delanteros, y más bien un amplio arsenal de mañas, simulaciones y frases hechas para confundir y/o manejar al trío arbitral, Itagüí Ditaires estuvo a punto de llevarse un triunfo que, de lejos, no merecía.

Bogotá, en cambio, que soportó el peso del partido durante al menos 80 de los 95 minutos disputados, que siempre buscó el arco contrario, pudo irse con una derrota que lo habría dejado prácticamente eliminado.

Sin embargo, esta vez, como muy pocas, el fútbol fue justo: Bogotá al menos rescató un punto y, lo mejor, el visitante se regresó a casa con la frustración de saber que su libreto de antifútbol no le funcionó.

Es que resulta imperdonable que un equipo como el de Carlos Mario Hoyos, que se supone es serio aspirante para conseguir el ascenso directo al final de la temporada, se presente en la capital de la República (o en cualquier otro escenario del país) con la expresa misión de no jugar ni dejar jugar, de protestar todo porque sí y de recurrir a la ridícula simulación de las faltas para tratar de ocultar la neta superioridad del rival.

Y eso que Itagüí Ditaires, que no en vano extendió a seis las jornadas sin ganar (para ganar hay que jugar bien al fútbol, o al menos intentarlo, algo que las 'águilas doradas' no hicieron este sábado en Bogotá), jugó mejor los primeros 15 minutos del partido. Mientras el local entró dormido, el visitante salió enchufado, rápido, con una aparente vocación ofensiva.

De hecho, mientras el portero antioqueño Jaime Bran Gómez resultaba un espectador más, su colega Andrés Mosquera era sometido a un constante asedio.

Le costó al cuadro de Oswaldo Durán, que venía de perder con Atlético La Sabana el fin de semana anterior, acomodarse en el partido. Se notaba demasiado la falta de David Silva, que por precaución médica (tenía una molestia muscular) estaba en el banco de suplentes, y no tenía más recursos que recurrir al pelotazo en busca de la velocidad de Wilberto Cosme.

Pero, poco a poco, el local le fue tomando la medida al juego y por intermedio del propio 'Cachetes' estuvo a punto de abrir el marcador en una jugada que dilapidó increíblemente después de regatear al arquero visitante.

Sin demasiada presencia ofensiva, Bogotá tuvo tres claras opciones para abrir el marcador, y no pudo. Entonces, como suele suceder, lo pagó en defensa.

El histriónico-habilidoso Yessy Mena, un morocho de buenas condiciones técnicas, pero mejores aptitudes para el teatro tragicómico, fue derribado en el área cuando ya se perfilaba para batir a Mosquera; penalti inobjetable. El cobro, a los 28 minutos, lo ejecutó con acierto el veterano Óscar Darío Londoño.

A esas alturas, ya Bogotá era más que su rival, pero la desventaja era un castigo a su falta de puntería. El partido cambió a partir del minuto 40, cuando el técnico Durán no tuvo más remedio que recurrir al 'tocado' Silva; desde entonces, los 'leones' volvieron a exhibir su estilo y, sobre todo, el joven talento se convirtió en el necesario generador de pases profundos.

En el período complementario, la historia cambió radicalmente: en ataque, todo lo hizo Bogotá. El cuadro local metió a su rival en su propio terreno y lo bombardeó constantemente.

De manera increíble, el grito de gol se ahogó en tres ocasiones: un cabezazo de Silva que paró el arquero Gómez, un desborde de Raúl Pinilla que terminó con un remate en el horizontal y un avance de Cosme que nadie supo rematar en el centro del área. Para colmo, Bogotá perdió a Campo Elías Santacruz por doble amonestación, a los 28 minutos.

Pero, y ahí estuvo su virtud, el cuadro de casa nunca renunció al ataque, a pesar de los riesgos que podía correr. Mientras el técnico local ponía toda la carne en el asador, el visitante se reforzaba atrás, para implementar una defensa de 9 jugadores (líneas de 5 y 4).

A falta de 10 minutos para el final, tras un desborde por la derecha que no pudo ser capitalizado, Juan Carlos Guazá mandó el centro desde la izquierda y el balón se anidó en el arco visitante luego de golpear al zaguero Ánderson Zapata en la espalda.

Una alegría que, sin embargo, duró muy poco. En un balón perdido en la salida (una vez más, y ¿cuántas van?), Itagüí Ditaires se puso otra vez en ventaja. Luis Páez, que poco antes había ingresado al campo, aprovechó el balón al vacío, eludió a Mosquera y puso el 2-1 que parecía lapidario. Era el primer avance serio del visitante en todo el segundo tiempo, a los 38 minutos.

Con todo en contra (marcador, desventaja numérica y escaso tiempo por jugar), Bogotá siguió empujando, buscando. Y encontró el premio de la manera menos esperada: en una pelota quieta. Una barrera muy mal parada permitió que Silva intentara el remate directo al arco, con la fortuna de que en el recorrido el balón golpeó a alguien y se fue lejos del alcance de Gómez.

Era el minuto 45 y, por fin, el fútbol le hacía justicia al único que había buscar el partido, el arco contrario.

Si bien el punto no le permite salir del último puesto del Cuadrangular A, para Bogotá fue un justo premio por todo lo que hizo esta soleada tarde capitalina. Y, lo mejor, fue un terrible castigo para un cuadro tacaño, sin recursos futbolísticos, que fue netamente superado en el campo de juego (especialmente en el segundo tiempo) y que en todo caso se llevó un botín muy superior al que en verdad merecía.

Este no es el mismo Itagüí Ditaires que perdió la final del primer semestre y tampoco el que fue superlíder de la Copa Premier II; tristemente se convirtió en un canto al antifútbol, a la mal llamada malicia indígena.

El próximo miércoles, cuando se cumpla la tercera jornada de los cuadrangulares, Bogotá irá a La Ceja para visitar al líder Rionegro en un partido vital para sus aspiraciones.

Mientras, Itagüí Ditaires deberá intentar jugar al fútbol cuando reciba la visita de Atlético La Sabana.

Carlos Eduardo González
Especial para FUTBOLRED

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