Platini, primer exjugador que puede ser presidente de la Fifa

Platini, primer exjugador que puede ser presidente de la Fifa

Fue uno de los mejores futbolistas de la historia y es el actual mandatario de la Uefa.

Michel Platini, actual presidente de la Uefa.

Michel Platini, actual presidente de la Uefa.

Foto: EFE

31 de julio 2015 , 08:34 p.m.

Su trote era impredecible, comenzaba lento y se hacía veloz, letal. Tenía una elegante gambeta francesa con la que cautivó a los exigentes y defensivos italianos. Su remate era fulminante. Tenía un juego inteligente, muy apropiado para el número ‘10’ que se eternizó en su espalda. Además, ganó tres Balones de Oro. Michel Platini fue, en la década del 80, el mejor futbolista europeo y uno de los más destacados del mundo. Quedó con una deuda. Solo le faltó ganar un Mundial.

Hoy, a sus 60 años de edad, casi tres décadas después de su gloria y su retiro, Platini vuelve a ocupar la atención de la prensa mundial. Es portada permanente de los principales periódicos europeos. Aparece más en televisión que muchos de los mejores futbolistas. Su apellido, de por si ya famoso, tiene una sólida vigencia, ya no por sus inolvidables goles. Ahora luce de traje y corbata, como el candidato número uno para ser el nuevo presidente de la Fifa. Este es su nuevo mundial y no parece tener rival para perderlo.

El Platini jugador, ese francés que brilló en la Juventus, de Italia, era capaz de inventar ‘sombreritos’ –pasar la pelota por encima del rival–, proponía paredes, remataba de cabeza con la misma potencia que con su pierna derecha.

Eventualmente anotaba con la izquierda. Tenía un tiro libre demoledor. Hizo goles por toneladas, 341 en todas las competiciones que disputó. El Platini dirigente mantiene ese don de trascendencia, de no pasar desapercibido. Desde el 2002 es un hombre fuerte en la Fifa. En el 2007 llegó a la presidencia de la Uefa (Unión Europea de Fútbol) y ahora, a pasos gigantes, tiene enorme respaldo para suceder en el trono de la Fifa a Joseph Blatter. Sería el primer exfutbolista en llegar a la presidencia.

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Perdió el aire, le costó respirar, tenía ansiedad. Cuentan que alcanzó a desmayarse, y justo en el día menos oportuno de su juventud. Tenía 16 años. Su talento desaforado era pulido por el mejor entrenador que podía tener, su padre, Aldo Platini. Ya había arrancado su carrera en el club A. S. Joeuf, que representaba a esa pequeña población en la región de Lorena, en el este de Francia, donde nació y creció. Pero ese día, en la prueba para ingresar al Metz, un club de mayor categoría y que ya lo había visto jugar, se desplomó. No fue en el examen de talento, sino en una prueba de respiración. Le dijeron que no servía para el fútbol, que era frágil, que tenía insuficiencia cardiaca. Fue su primer tropiezo, pero se levantó.

Aldo, que fue un frustrado futbolista, pero un sobresaliente entrenador, dirigía al club Nancy, y enroló a su hijo. Ahí comenzó su exitosa carrera, al lado de su padre, como si ese quebranto respiratorio, la humillación y la frustración lo hubieran hecho más fuerte. No tardó en demostrar que ese aspecto débil, de cuerpo delgado y anodino, lo compensaba con talento, con inteligencia.

En su primer partido, Michel, que era volante, hizo tres goles. Luego no paró. Llevó al equipo a una época de esplendor. Pronto el Saint-Etienne, del cual era aficionado –también del Ajax holandés–, se interesó en él. Platini hijo comenzó a ser un apellido famoso.

Ganó una Liga y dio el rápido salto a Italia. Allí, en la Juventus de Turín, se convirtió en estrella, en ídolo. Tuvo todo su fulgor: ganó dos Ligas (Serie A), una Copa de Italia, una Supercopa, una Recopa, una Liga de Campeones y una Intercontinental. Desafió el defensivo juego italiano para ser tres veces máximo goleador del Calcio. Su juego era irreverente. Inventaba jugadas en el medio y las remataba como delantero.

Ganó tres veces consecutivas el Balón de Oro (83, 84 y 85), que en ese entonces solo se otorgaba a jugadores europeos. Fue conocido, en comparación con Pelé, como ‘le roi’ –el rey–. Como si fuera poco, ganó la Eurocopa con Francia, en 1984. Disputó tres mundiales (78, 82 y 86). Se convirtió en el capitán e ídolo de los franceses, y fue el referente de sus sucesores, Zinedine Zidane y Thierry Henry. Luego de su retiro, en 1988, fue el DT de la selección (1988-1992). Solo le faltó, como a Cruyff o Di Stéfano, ganar el codiciado Mundial. La deuda pendiente.

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Nuevamente le faltó el aire. Se desmayó. Habían pasado más de 30 años desde que se desplomó en su primera gran prueba para ser futbolista. Ya era un afamado dirigente, el presidente de la Uefa. Fue en Sudáfrica, en el 2010, antes de la final del Mundial. En un restaurante, Platini quedó inconsciente. Las versiones iniciales indicaron un supuesto infarto que prendió las alarmas así como, en su juventud, se habló de insuficiencia cardiaca. Ingresó al hospital por urgencias y luego se confirmó que se trató de bajo nivel de azúcar y de un resfriado. Fue un susto. Tal como a sus 16 años, despertó, se levantó y pareció hacerlo con mayor coraje, esta vez para continuar su brillante carrera como dirigente y, quizá, para empezar a mirar de reojo el puesto de presidente de la Fifa.

El Platini de hoy ha cambiado. Desde que colgó los guayos, siempre aparece vestido de traje oscuro, camisa y corbata, muy elegante. Ya no es aquel escuálido jugador que se ve en las fotos históricas; los kilos de más hacen su tarea, pero su cabello lo delata, siempre alborotado, ya más escaso y blanco. Es la imagen del Platini de hoy, del dirigente que busca la presidencia de la Fifa.

Su carrera fuera de las canchas empezó en 1992. Se convirtió en dirigente deportivo con gran proyección. Su primera gran labor fue en representación de su país, al hacer parte del Comité Organizador del Mundial de Francia 98. Además fue vicepresidente de la Federación gala. En el 2002 incursionó en el mundo Fifa, integrando el comité ejecutivo.

Blatter y Platini fueron muy buenos amigos, o eso aparentaban. Aparecían en público muy sonrientes, abrazados, estrechando sus manos amistosas, aliadas. El suizo ostentando el máximo poder del fútbol como presidente de la Fifa desde 1998, y el francés siguiendo sus pasos a una distancia prudente. Así como de jugador fue un estratega, como dirigente disponía de toda su inteligencia para consolidarse en la Uefa. A ese cargo llegó en el 2007 luego de destronar, por cuatro votos, al sueco Lennart Johansson, que buscaba su cuarto periodo presidencial. Platini actualmente cursa su tercera etapa.

Desde allí, en su gestión, Platini –que habla francés, inglés y español, que es aficionado al fútbol, a su familia y al golf– ha sido destacado por su lucha contra el racismo y la violencia en el fútbol, por llevar las competencias europeas a cada vez más países, por combatir el amaño de partidos. Ha promovido cambios en el reglamento como el aumento de árbitros –pasar de tres a cinco– y se ha opuesto a las ayudas tecnológicas. Con sus ideas, su carácter y su irreverencia, fue ganando prestigio, respaldo y no solo en Europa, pues en América (Concacaf y Conmebol) ya es visto como el sucesor natural de Blatter. Incluso, está conquistando a la numerosa confederación asiática. Le falta África y Oceanía. Tiene mucho apoyo.

El pasado mayo, en Suiza, en una sala repleta de periodistas, en vísperas de las elecciones presidenciales, Platini hizo lo inesperado: enfiló contra Blatter, su amigo, al que consideraba como un “tio” con quien caminó tantas veces, pero con quien ya no estaba de acuerdo. Alguna vez había dicho que si alguien podía derrotarlo, sería solo él. Ese día, en medio del escándalo desatado por la corrupción en la Fifa y mientras iban cayendo figuras importantes del organismo, sindicadas de corrupción, el francés convidó a Joseph Blatter a renunciar.

“Es una pena decirle a un amigo que se tiene que ir. Pero tengo que hacerlo”, anunció Platini, quien criticó abiertamente a la Fifa por los escándalos que las autoridades estadounidenses habían destapado. “La imagen de la Fifa es terrible”, agregó, mientras sugirió a todas las asociaciones para que votaran en las elecciones por el príncipe jordano Ali Bin Hussein, quien finalmente perdió. Pero el tsunami ya se había desatado y Platini había movido sus fichas de forma cautelosa, sigilosa.

La reelección de Blatter fue efímera. Su cargo era insostenible. Así que a comienzos de junio anunció que daría un paso al costado. El pasado 20 de julio lo confirmó; convocó a elecciones para el 26 de febrero del 2016. Entonces, todas las miradas apuntaron hacia Platini, el sucesor natural al trono de la Fifa.

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“No he recibido ni un Picasso, ni lingotes, ni petróleo, ni gas”, se defendió Platini en una de las muchas declaraciones que dio durante el 2014 mientras recibía acusaciones de haber accedido a sobornos, en reuniones secretas, para votar a favor de los mundiales en Rusia 2018 y Catar 2022.

Quizá volvió a perder el aire ante las feroces acusaciones que lo inculpaban, y que aun permanecen. Algunos periódicos británicos destaparon las supuestas anomalías en la adjudicación de dichos mundiales, y el agua sucia corrió por todos los frentes. Platini se ha defendido, pero sus críticos aprovechan, como el príncipe Ali, quien al enterarse de su candidatura a la presidencia, lo atacó. “Platini no es bueno para la Fifa –dijo–. Debemos detener el hacer negocios como siempre. La práctica de hacer tratos en secreto debe terminar”. Ese manto de duda no esclarecido es el peso que Platini puede llevar. También las trabas que eventualmente Blatter le pueda poner en el camino.

Sin embargo, por ahora Platini, que anunció su candidatura el pasado miércoles, corre libre, como si se tratara de uno de sus impredecibles amagues de jugador; no parece tener quien lo ataje. Si de futbolista le faltó ganar el Mundial, como dirigente puede alcanzar el máximo trofeo, la presidencia de la Fifa.

Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO

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