El fenómeno del niño

El fenómeno del niño

Colombia se debe acostumbrar a las marcas, las patadas y la 'marrulla' en contra de James Rodríguez.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Foto: Archivo ETCE

18 de septiembre 2015 , 06:11 a.m.

Imposible el fútbol sin patadas, sin la intención malvada en la que se escuda la mediocridad para frenar el talento de los artistas. La agresión del peruano Carlos Zambrano contra James Rodríguez, en el reciente amistoso en Nueva York, no fue solo trámite brusco del juego. Fue una advertencia, experto como es, en el fútbol solapado y agresivo.

Obvio es que “el fenómeno del niño” hay que pararlo. Se conoce la dependencia de Colombia en James Rodríguez, jugador que, con asistencias de lujo y goles magistrales, marca el camino y regula el rendimiento colectivo del equipo.

El plan de control de los rivales a James no tendrá ni ética ni reservas, con la inquebrantable idea de 'machacarlo' en cada cita.

El libreto de la mayoría de los entrenadores analizará la manera, leal o no, de controlar su juego, como se hace hoy con Leonel Messi, a quien limitan sus actuaciones con su selección, desconectándolo de sus compañeros.

El plan control incluye ponerlo en presión, interrumpir su juego, cerrarle vías de pase u obligarlo a jugar de espaldas al arco, alejado de la portería, con marcas asistidas. La 'carnicería' será la alternativa complementaria, porque la búsqueda del resultado, lamentablemente, admite estas licencias.

Debe preparar Colombia las fórmulas adecuadas para rodear a James, apoyándolo en su presencia y solucionando inconvenientes en su ausencia. El vertiginoso juego a uno o dos toques con el que brillo nuestro equipo en el Mundial de Brasil 2014, sin gambetas empalagosas o pausas inoportunas, es la vía. Deberá entender también nuestro ídolo, que se juega para el equipo y no para él, y que innecesarios resultan los desgastes, infiriendo en todos los sectores del campo. Su influencia letal radica del medio a la ofensiva.

Cada patada contra James nos dolerá en el alma. Debemos, como decía Gabriel Meluk en El Tiempo, en estos días, acostumbrarnos a ellas. Para nosotros James no se toca, pero, para los rivales, el objetivo es destruirlo a toda costa.

Los batallones de combate, con que se lastran las habilidades de los futbolistas, serán inevitables. En el preámbulo del arranque de la eliminatoria para el Mundial de Rusia 2018, añoraremos sus saltos de calidad, detestando el golpe artero y las faltas tácticas para frenarlo.

Esteban Jaramillo Osorio
Especial para Futbolred
En Twitter: @estejaramillo

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