Las lenguas sin control

Las lenguas sin control

Por molesto que se ponga un entrenador de fútbol, siempre debe dar ejemplo de comportamiento.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Foto: Archivo ETCE

22 de julio 2015 , 07:36 a.m.

En 2006, en un partido Real Cartagena vs. Cúcuta, a Julio Comesaña los nervios lo rebasaron y golpeó a Jorge Luis pinto, molesto por sus intromisiones en la tarea arbitral.

En la Supercopa de España, en 2011, Mourinho le introdujo el dedo en el ojo wl ya fallecido Tito Villanova, descompuesto porque “el árbitro se robó el partido”, en el Real Madrid vs. Barcelona.

Casos como estos hubo por montones, incluyendo los berrinches de Caruso Lombardi, un esquizofrénico entrenador argentino, que se lía a puñetazo limpio, “con quien sea”; las salidas de tono de Fernando 'Pecoso' Castro, las altaneras advertencias de Hernán Torres, pidiendo respeto para el Medellín; el descontrol emocional de Luiz Felipe Scolari en ruedas de prensa tras las derrotas de Brasil, y el desenfreno verbal y físico de Javier Torrente, en el Once Caldas vs Junior, el domingo pasado.

El último incidente, el de Torrente, fue penoso. Enardecido, ciego en sus actos, estimulado por un penalti inexistente a su favor, la emprendió contra los árbitros, empujón de por medio a uno de ellos, en lamentable y bochornoso espectáculo, visto tanto en el estadio como en las imágenes de la transmisión de Win Sports.

Llamados a moderar sus actos, algunos entrenadores dan un ejemplo desolador, al impulso nervioso de rabietas inaceptables, con síntomas preocupantes para la salud del torneo, de no mediar sanciones rigurosas por parte de los tribunales de la Dimayor.

Cierto es que el ritmo de pito de algunos árbitros, con sospechosas maquinaciones, desequilibra. Pero, para la protesta, deben acogerse a las vías de la cordura, por descontrolados que estén los protagonistas.

Ni el dedo en el ojo, ni empujones a la autoridad, ni vocablos incendiarios y provocadores de violencia. El baile del fútbol debe ser distinto: es una fiesta. Se supone que la disciplina debe estar tanto en las gradas como en las pistas atléticas y en las canchas.

El fútbol no puede ser una guerra, ni los estadios escenarios de acontecimientos de este calibre, a despecho del juego limpio. Por molesto que este un entrenador, debe dar ejemplo de comportamiento.

Esteban Jaramillo Osorio
Especial para Futbolred

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