Jugar en China no es un salto al vacío

Jugar en China no es un salto al vacío

Montero y Guarín decidieron marcharse al fútbol chino seducidos por clubes de imponentes chequeras.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Foto: Archivo ETCE

02 de febrero 2016 , 07:34 a.m.

Everton Ramos da Silva es un mediocampista brasileño con experiencia en Holanda, Arabia Saudita y China. En este ultimo país, jugó para el Shangai Shenxis, de segunda división, con honorarios acumulados en dos años, de 15 mil millones de pesos.

Al comienzo de su aventura, en el oriente, tuvo una rápida adaptación al exótico país: No niega que comió carne de burro, de perro, de rata, de culebra y aprendió a socializar con los residentes, sin ningún inconveniente, pese a las dificultades del idioma.

Lo reconoció en un leído blog de una revista deportiva, en Brasil. Everton regresó hace poco a Sao Paulo, “hastiado del mal olor en la boca de los chinos, de sus eructos y sus flatulencias”

Su retorno coincide con la inmigración masiva de estrellas, que, en medio de la desilusión de sus seguidores, inscriben sus nombres en clubes desconocidos, sin importar el deterioro de su imagen y el alejamiento inevitable de sus selecciones.

Lo hacen movidos por contratos millonarios, superiores a los que se estilan en el fútbol europeo. Los últimos casos colombianos son de Fredy Montero y Freddy Guarín, que decidieron marcharse, seducidos por clubes de imponentes chequeras.

Le siguen la huella, de esa manera, a Carmelo Valencia , hoy en el Beijing Baxi y Giovanni Moreno, figura descollante en el Shangai Shenhua, con emolumentos imposibles de igualar en otras latitudes.

En remojo se encuentra Falcao Garcia, quien se ha manifestado dispuesto a huirle a la maldición del futbol inglés, en cuyo caso solo desencanto ha producido.

El fútbol chino no es un espejismo. Al contrario , el gobierno lo ha proclamado cuestión de Estado. Su estudio es obligatorio en las escuelas, grandes magnates son dueños de los clubes reconocidos, la media de entrada es de 27 mil personas por partido, y su futuro, con la venta de publicidad esta garantizado.

Son tantos los que creen que la carrera de los futbolistas tiene secuelas cuando se privilegia el dinero por encima de la gloria, que baja el rendimiento, que se puede deteriorar la calidad de los deportistas y que se acentúan los riesgos de un fracaso.

Pero, a pesar de convertir el dinero en motivación extrema, la aventura china no es un salto al vacío. Varios, por la edad, disfrutaran la oportunidad de corregir sus rumbos en el futuro y tendrán , a la vez, garantizada la estabilidad económica para sus familias.

El dilema gloria o dinero para ellos no existe. Toman como ejemplo otros deportistas, caídos en desgracia, con sus vidas arruinadas y en el olvido, porque prefirieron condecoraciones, reconocimientos y ruido en los estadios. ¡Qué frágil es la memoria en el deporte!

Esteban Jaramillo Osorio
Especial para Futbolred
En Twitter: @estejaramillo

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