El amor lo cura todo, por Nicolás Samper C.

El amor lo cura todo, por Nicolás Samper C.

Columna de opinión sobre Miguel Ángel Russo, director técnico de Millonarios.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

01 de febrero 2018 , 07:23 a.m.

Se sentó y empezó a dar las gracias. Y ahí la voz, esa misma que siempre ha sido fuerte pero respetuosa, tranquila pero con mando, empezó a afectarse de a poco. Las palabras seguían fluyendo y él, enfundado en su chaqueta y con la gorra del club, trataba de continuar sin que fuera fácil ser fuerte porque en esos instantes en los que la voz se quiebra es que un hombre se muestra tal como es.

Y qué difícil es encarar eso. Porque las emociones son incapaces de dejarnos hablar fluido y la cotidianidad de nuestros sentimientos nunca nos ha permitido revelar tan de frente esa humanidad que todos tenemos y que nos lleva a sentir como, a medida que el discurso avanza, la garganta inexorablemente se empieza a cerrar. y la voz estentórea termina siendo un hilo.

Miguel Ángel Russo dio una rueda de prensa de la que fue difícil no conmoverse. Emocionado, agradeció a sus jugadores, al club en el que trabaja y a los oncólogos que lo han ayudado -en el “cantry”, con esa pronunciación tan argentina de la clínica- pero tal vez lo más bello de un marco que sobrepasó cualquier emoción fue sentir que su fuerza vital de lucha estuvo respaldada gracias al silencio prudente con el que se trató su caso, al respeto con el que se manejó su quebranto, a ese hermetismo que él necesitaba para sentir que todo iba a salir mejor, justo en estos tiempos en los que la sobreexposición, el morbo, los pedidos de explicaciones públicas a temas que hacen parte del fuero interno de cada quién y las conjeturas maledicientes parecen ser uno de los mandamientos de la ley natural.

Él se respaldó en eso y aquellos que lo quieren también le ofrecieron eso: ese espacio de tranquilidad para barajar de nuevo. Fue en ese pequeño “Mute” que todos nos tenemos que otorgar y que nos merecemos cuando la vida nos lanza a la mesa unas cartas malas que inició su lucha. Porque ese silencio, ese cuartito en donde solo caben la intimidad y uno es el que permite que las sombras de a poco empiecen a tener algo de luz y ayuda a que se siembre un proceso de reconstrucción propia desde bien adentro para ser más fuertes, más valientes pero también más humanos.

Mis mejores deseos a un hombre admirable y que me ha hecho feliz como Miguel Ángel Russo.

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