Balas perdidas

Balas perdidas

La trascendencia que se dio a la 'pistola' de James fue exagerada, en un momento clave de Colombia.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

28 de marzo 2017 , 03:33 a.m.

Mucha tiza, mucha pólvora en gallinazos, mucha indignación de los medios, mucha tinta gastada, mucha sobreactuación y muchas palabras de más –como estas que estoy escribiendo- se generaron por cuenta de un hecho que no daba para tanto: una ‘pistola’ esgrimida por James Rodríguez captada por el lente de un fotógrafo aguzado.

Por un gesto se despertaron miles de especulaciones: que el gesto iba dirigido a unos periodistas críticos con James, que por aquella señal escandalosa debería perder la capitanía del equipo, que las tensiones de la Selección Colombia se ven reflejadas en el dedo corazón levantado del ‘10’ de la Selección, que James tiene que ser un ejemplo para los niños, que él no se puede dar esos lujos, que James esto, que James lo otro…

Un jugador de fútbol no tiene que ser el ejemplo de nadie porque el ejemplo –el buen y mal ejemplo- entra por casa y no por cuenta de un futbolista. El resto es demagogia. Un futbolista –que además es figura pública- debe procurar comportarse bajo los límites de normalidad como cualquiera de nosotros –que no somos figuras públicas- y listo. Porque ya se asoman los que comparan la ‘pistola’ de James con el caso Armero, que es muy diferente e incomparable. Hasta donde yo sé no es delito izar el dedo corazón; agredir a una mujer, sí.

James Rodríguez no puede ser ahora culpable de cómo se va a comportar en un futuro la sociedad colombiana porque un día, en un momento de calentura, él, el tipo que se pone la ‘10’ de la Selección, decidió hacer ‘pistola’. Tampoco se puede poner sobre la mesa el cuento de que debería perder la cinta de capitán porque ante semejante nimiedad ni siquiera hay que armar una discusión tan idiota. ¿Si hay tensiones en Colombia? Tiene que haberlas: falta jugar el tramo más importante de la clasificación a Rusia y no hay nada asegurado y fuera de eso toca jugar contra Ecuador, a los que no vencemos en su país hace más de 20 años ¡Obvio que debe haber tensiones como en el resto de equipos que andan en las mismas!

Todo es muy exagerado. ¿Qué se equivocó en las formas? Sí, pero por una calentura tonta –de la que seguro aprendió- creó una comidilla innecesaria que seguramente está padeciendo porque les dio a sus críticos acérrimos más motivos. Él sabe que si juega mal no puede pretender aplausos. Pero tampoco supone que eso, un partido flojo, pueda ser un generador de irrespeto. Sin quererlo les dio a los que le pegan por todo un pasegol con arco vacío.

James, tranquilo, respetuoso y por lo general autocrítico, tuvo su pequeño día de furia. Por algo sería. Porque si algo es evidente es que esa ‘pistola’ no se le disparó accidentalmente. De golpe ese ‘tiro’ iba dirigido a la manera como cierto sector del periodismo – oficio donde en general la autocrítica es casi nula- ha asumido su forma de expresar lo que no le gusta de la mano del siempre efectivo y vendedor artificio del ataque malintencionado.

Porque de eso también hay. Porque así como James, a veces los periodistas también nos equivocamos en las formas.

Por Nicolás Samper C.

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