Extraños honores... por Nicolás Samper C.

La opinión sobre el significado de ser presidente honorífico en el 'planeta fútbol'.

FOTO: Archivo Particular

Nicolás Samper, columnista invitado.

Enero 01, 2018

Hay honores que solo los da la vida y la labor hecha. Por ejemplo, al ir al estadio Ciudad de Vicente López, que es la sede del modesto Platense de Argentina, se observa cómo en la cabecera de la tribuna popular hay un nombre inscrito en pintura marrón bajo un fondo blanco: es el de Roberto 'Polaco' Goyeneche, una de las voces más grandes que dio el tango en la historia. Y al 'Polaco' fanático del equipo, le hicieron un homenaje más que merecido: la gradería más apasionada recibía el bautismo con la identidad del tango en sí mismo.

O vale darse una pasada por los corredores -para no irnos de Buenos Aires- por los zaguanes del estadio de Vélez Sarsfield. Allí, en ese césped, se consagraron desde Carlos Bianchi, hasta Daniel Willington, pasando por José Luis Chilavert y el 'Turu' Flores. El lugar lleva el nombre de un dirigente que luchó mucho por aquel equipo de barrio: José Amalfitani. No fue fácil para él ganarse ese honor. Cuando presidía el club y las críticas lo mataban por todos lados porque Vélez no ganaba nada dijo que si querían títulos se fueran a otro lugar porque él necesitaba primero edificar la vitrina de esas copas, que era la cancha. Por eso no tuvo inconveniente en poner de su plata para la construcción del estadio y además adquirir los compromisos de las deudas derivadas de esta quijotada a manera personal y no a título del club. Eso no lo hace nadie.

En otros lados se estila otorgar la presidencia honorífica con el único objetivo de resaltar la dedicación de un hombre en torno a lo que fue una institución que se engrandeció gracias a su labor. Alfredo Di Stéfano, por ejemplo. Imposible ser más maravilloso que el malgeniado argentino con el cual el Real Madrid puso las primeras piedras para ser considerado el equipo más poderoso de su país y del mundo: cinco Copas de Europa obtenidas de forma consecutiva son mucho aporte en las páginas de la historia. Y que las cinco consagraciones lo tuvieran como factor influyente imposible de obviar, dejan que el homenaje se caiga por su propio peso. Di Stéfano es uno de los presidentes de honor del blanco madrileño.

Hubo casos en los que pudo más la vergüenza que el aporte: porque en Colo Colo un día decidieron realizar su propia revisión histórica y se dieron cuanta de que la inclusión de Augusto Pinochet entre los presidentes de honor de la institución era poco menos que una afrenta. Hubo asamblea y aunque el dictador habría aportado dinero para la hechura del estadio Monumental de Santiago, su oscuro trasegar en medio de la represión bien merecía la exclusión definitiva.

Siempre habrá un mérito detrás de estos nombramientos, siempre existirá un motivo para premiar aquellos que dieron la vida por una institución, salvo que se trate de Millonarios con Andrés Pastrana.

P.D: como alguna vez lo cité en otra columna, no tengo nada que ver con Ernesto Samper ni su familia. La aclaración se hace para que no se confunda la pelea entre Andrés Pastrana y Ernesto Samper con las intenciones de esta columna que son simplemente las de entender que el expresidente entre 1998 y 2002 no guarda -en opinión del columnista- alguna virtud más que la de ser hincha como para obtener ese título nobiliario.

Nicolás Samper
En Twitter: @udsnoexisten

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