El héroe fue un obrero, por Esteban Jaramillo Osorio

Columna de opinión sobre la estrella 15 de Millonarios.

FOTO: Archivo ETCE

Esteban Jaramillo, columnista invitado.

Diciembre 20, 2017

Llegó de repente, caído del cielo. Solo él, Henry Rojas, lo podía hacer. El canto a la perfección, media volea con curva, lejos de Zapata el guardameta rival, para descorchar champaña en la fiesta azul. Impacto tremendo, dirigido, incontenible. El trayecto, veloz, mágico, infartante, para anidar el balón en el rincón que destrozó el corazón de Santa Fe.

El gol del año, del lustro, para el museo y la historia en Millonarios. Era la única forma de ganar, porque en el rival, nervioso y atropellado, Morelo se resistía con faena de lujo. Pero el fútbol es así, el protagonismo que merecía no fue él. Fue de un gregario incorporado como solución final.

De otro partido dicen muchos. De otra galaxia afirman otros. Cierto, porque el poco fútbol expuesto se consumía entre tácticas defensivas, desesperantes forcejeos y tolerancia arbitral. Típico cierre: pelear, chocar, fingir, interrumpir y no jugar.

En los tramos finales llegó la emoción. Resistió el rojo hasta el último minuto, pero sus ideas de ataque no tuvieron claridad. Cansancio y desespero conspiraron, como a lo largo del trámite porque correr y apretar no es jugar.

El mal trato a la pelota fue el dominador. Carreras insulsas, contragolpes sin terminados, aproximaciones negativas, decisiones erradas, opacos rendimientos, señalamientos al juez central y nerviosismo en la tribuna.

En el cierre ambos demostraron que no se colaron en la final. Que su trabajo con método a lo largo de la temporada, merecía el premio mayor. Millonarios ganó sin insultar por la estrechez del saldo y las limitaciones de su juego.

Incómodo en el campo, neutralizado por su rival, logró salir de los baches en el marcador con dos golazos, ambos ya instalados en su refulgente historia. Fuerza y talento unidos. Cadavid con un mazo en la cabeza y Rojas con zurda milagrosa, para machacar a santa Fe y liquidar su fiesta.

Los títulos se ganan y se refrendan. Viene la copa Libertadores con la obligación de hacer presencia efectiva, porque en horas bajas en las últimas experiencias, la aventura ha sido corta y decepcionante para ambos, campeón y sub campeón.

El fútbol deja lecciones para aprender: no siempre se gana con dinero, ni con estrellas dominadas por caprichos y excesos. Es cuestión de liderazgo e ideas dentro y fuera del campo, es saber trabajar. Lo saben Enrique Camacho y Cesar Pastrana en Millonarios y Santa Fe.

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