Se recuerda fácil la cara desencajada de Maradona llorando y echando 'madrazos' al perder la final del mundial de 1990 con los alemanes, o el escándalo del brasileño Ronaldo y sus convulsiones tras caer en el partido por el título de 1998, el gol que no debió ser gol de Inglaterra en el último juego del mundial del 66, los reclamos de Cruyff y Neeskes porque la pelota no entraba en la final del 74...
De esos derrotados nos acordamos todos y los libros hacen especialmente en esos episodios. Pero más allá de un honor local, los triunfadores del partido por el tercer lugar ganan muy poco, casi nada.
Uno se acuerda en ocasiones más de un gol de un partido de la primera fase entre Argelia y Alemania o del penalti que paró el portero de Honduras, Julio César Arzú, en 1982. Cosas así...
Los equipos que terminan en el tercer puesto a veces no son ni mencionados. La galería de 'campeones morales', de los que se meten en el tercer cajón de un podio que aquí no existe, incluye a tres potencias absolutas como Brasil (1938 y 78), Italia (90) y Alemania (el que más veces lo ha sido y hoy podría reconfirmar su inútil registro logrado en 1934, 1970 y 2006). Por ahí está Francia, que aún no es una superpotencia pero anda en ese camino, con dos partidos por el tercer puesto ganados (1958 y 86). De resto, grandes equipos de la historia de los mundiales (que hicieron grandes campeonatos puntuales) se recuerdan más por los nombres de quienes los integraban o por el partido que perdieron en la semifinal y no por haber terminado de terceros.
A ese tercer puesto han llegado selecciones de la clase media del balompié mundial, aunque algunos están cerca del estrato superior o inferior: Suecia, Polonia, Austria, Portugal, Estados Unidos, Chile, Croacia y Turquía. Los aficionados, incluso, a veces recuerdan más al equipo que quedó de cuarto, como la magnifica Francia de 1982, la Holanda del 98, los equipos portugueses del 66 y del 2006, la Bélgica del 86 o la Bulgaria del 1994.
Obvio, como diría mi amigo Perogrullo, es mejor ser tercero que cuarto, pero eso a la larga solo sirve para darle ánimo al ego futbolero del país que gana el partido del premio seco. Este sábado le servirá mucho más a Uruguay, que llevaba 40 años sin tronar ni sonar como una vuvuzela en el Mundial, que a la lógica favorita Alemania que puede conseguir su 'tritercer puesto consecutivo' en las Copas del Mundo.
Apuesto a que no tenían en mente ese dato y que tampoco les importa mucho...