No hay mejor defensa que un buen ataque, dice el refrán. En el fútbol no sirve ni atacar bien a costa de defenderse mal ni defenderse bien a costa de atacar mal.
La relación con la pelota es otra historia. Manejarla asegura más posibilidades para atacar y menos de ser atacado. España parte desde ese concepto: "La pelota es mía". Intenta imponer su idea ante cualquier rival. Sus jugadores la tocan, el equipo la tiene. Todo el mundo se mueve. Corren para jugarla y también para recuperarla. Achica para adelante, con los centrales en el círculo central, y ejerce presión sobre el balón para que el rival se lo saque de encima sin poder elegir un destinatario.
Es cierto: no siempre traduce la posesión en peligro. A veces no le sale la jugada mágica, en otras le cuesta mantener la precisión en velocidad y en otras elige no pegarle al arco. Pero siempre se garantiza que su arquero intervenga lo menos posible.
En el segundo tiempo del partido contra Alemania, España se pasó. Jugó el mejor fútbol del Mundial. A pesar de la intensa y numerosa defensa, encontró, al tempo de Xavi e Iniesta, la manera de crearle situaciones a Neuer.
Tras intentar con centros que terminaban en rechazos rivales, buscó el pase atrás para el remate desde fuera del área. Por esta vía, Xabi Alonso y Pedro estuvieron muy cerca de marcar ese merecido gol. Y en otro giro futbolero, encontró por arriba lo que había buscado por abajo. Carles Puyol partió desde la línea del área grande para sorprender a la marcación zonal alemana. Llegar siempre es mejor que estar. Y con un cabezazo marcó un gol espectacular.
El revolucionario proyecto alemán sigue valiendo, aun en la derrota. Entre 2008 y 2009, ganó los europeos Sub-17, Sub-19 y Sub-21, del que ya promovió a Özil y a Müller. Pero ahora le toca el turno a España. Nuevo refrán: no hay mejor ataque que un buen defensor.
OPINIÓN
JUAN PABLO VARSKY
LA NACIÓN DE ARGENTINA