"El que gana siempre es el mejor", dice un latiguillo futbolero. Pero no es la verdad. Si hoy es campeona Holanda, el mundo hablará de la 'Naranja Mecánica', de "inteligencia táctica" (Dunga también era de los DT "inteligentes")... Tildarán a Sneijder como mejor jugador del mundo porque el triunfo, como la derrota, suelen ser barnices engañosos.
Holanda es un equipo sobrio, con dos ofensivos con buen pie: Robben y Sneijder, cuya máxima virtud es la pegada. Esto explica casi toda su campaña: la mayoría de sus goles son por sus excelentes remates. Si aquel inolvidable equipo de Rinus Michels de 1974, que era un millón de veces mejor que éste, hubiera tenido dos de éstos, habría ganado la final del mundo. La explicación de por qué fue campeona Alemania y no Holanda tiene nombre y apellido: Gerd Müller. Modestamente, el mejor goleador que este cronista haya visto, junto con Pelé.
Holanda es una escuadra competitiva con un esquema sencillo. De ahí a calificarlo como "Mejor equipo del mundo" hay un abismo. Estéticamente es hasta menos que la Italia del 2006. Aburrió en la mayoría de los partidos, tuvo la fortuna y varias decisiones arbitrales a favor. Su máxima virtud fue haberle dado vuelta al partido de Brasil.
El Balón de Oro recaerá posiblemente en Xavi o Sneijder. Xavi es un crack. No obstante, lo real es que brilló en un solo partido: la semifinal. Sneijder pateó 8 ó 10 veces al arco y anotó 5 goles. Si un jugador lo merece por rendimiento, por goles, por inteligencia y sentido colectivo es Diego Forlán, pero es probable que gane el Balón de Lata. Porque el triunfo suele deformar todo. Tiene un efecto amnésico.
Rooney y Drogba, los dos mejores delanteros del mundo, salieron por la puerta de atrás del Mundial. Pagaron el precio de estar en malos equipos. Pero son 150 veces superiores a Van Persie. Aunque éste sea campeón hoy. El triunfo no explica todo.
OPINIÓN
JORGE BARRAZA
PARA EL TIEMPO