Es nocivo pensar en que esta semana pudo ser diferente, con un país entusiasmado exacerbadamente y con hinchas fervorosos, de esos que cuentan las horas para ver a su Selección. Pero no, nos tocó seguir con esta fiesta, sin su homenajeado y es mejor intentar digerirlo rápido.
Mañana, el Mundial prosigue: dos ciudades, Medellín y Pereira, mantienen su entusiasmo. Seguramente, los estadios se llenarán, habrá fervor y se lucirán camisetas amarillas. De todas maneras, quién no quiere ver a Brasil, por ejemplo. Mundial es Mundial y el nuestro ha sido bueno, sólo que ahora, sin Colombia, quedó un vacío en el entorno.
El Mundial sigue siendo bueno, pero ya no tanto...
Pablo Romero
Redactor de EL TIEMPO
