Saber sufrir: la virtud que Colombia ha ido construyendo en el Mundial

Saber sufrir: la virtud que Colombia ha ido construyendo en el Mundial

Los jugadores sufrieron un golpe duro contra Japón pero lo asumieron y siguen soñando en grande.

Celebración Colombia 2

Celebración en el partido contra Polonia.

Foto: Mauricio Moreno/CEET

01 de julio 2018 , 08:24 p.m.

No hubo tragedia en Saransk. Lo que para muchos, fuera de la cancha, fue una suma de errores y una sospecha de debacle en la primera ronda del Mundial, para los hombres de la Selección Colombia fue una prueba que se volvió reto personal, un toque al ego, una provocación.

Pasó Japón por una razón que hoy, a la distancia, son capaces de valorar: había que clavarse la espina para disfrutar la rosa.
Y en el camino de la recuperación apareció una nueva virtud en la lista: aprender a sufrir.

“Sentí un dolor muy fuerte y por eso fui al piso de una –recuerda Johan Mojica- pero le metí h… a esto, sabía lo que me estaba jugando, lo que podía aportarle al equipo y gracias a Dios pude terminar el partido”. Y vaya que sufrió el caleño contra la potencia de los senegaleses, contra la velocidad de sus extremos, contra la fuerza de su choque. Y no fue el único.

¿Aprendimos a sufrir, Dávinson? “Siempre es fútbol, nunca sabes qué puede pasar. Estamos preparados para solucionar problemas, a cada uno le encontramos una solución. El equipo usa sus armas”, dice, pleno de confianza.

Después de haber sido criticado en el partido contra Japón, él es la prueba de que el Mundia, por corto que sea, da su revancha… aunque a él no le guste mucho esa palabra. “¿Revancha por qué? Yo solo hago mi trabajo, cada quien opina y yo intento responderles a mis compañeros y a mi país, que se alegra por nuestros triunfos”, afirma, ya sin su cálida sonrisa de siempre.

El análisis es claro desde la mirada del debutante Luis Muriel: “Después de un arranque no tan prometedor sabíamos la selección que tenemos, nos sobrepusimos a las adversidades y terminamos haciendo lo que todos esperaban, jugar bien al fútbol y conseguir los resultados”.

Y se hizo sabiendo sufrir. Entendiendo que la superioridad que se mostró contra Polonia no iba a ser la misma que contra Senegal, más peligroso, más punzante, más veloz –años luz más- y con la necesidad de no perder para seguir vivo en el Mundial. Desde el pitazo fue una amenaza constante la rapidez de los extremos, que por muchos tramos inquietaron e hicieron ver mal a Arias y Cuadrado por la derecha y al mismo Mojica por el otro costado.

Pero aguantaron con valentía, con sacrificio y solidaridad desde Sánchez y Uribe y hacia atrás, con Dávinson y Mina partiéndose la espalda, literalmente, para ganar cada uno de los duelos cerca del área propia. Se llama sufrir y se aprende, como todo en la vida.

Y es el curso que ha hecho Colombia no ahora sino desde hace cuatro años. Y lo sigue siendo ahora que la suerte se empeña en complicarlo todo y tiene un manto de duda sobre la situación física de James Rodríguez, el hombre que hace la diferencia en Colombia. A la suma de obstáculos, se suma el de desarmar la exitosa llave del 10 con Juan Fernando Quintero, para quien, en realidad, la situación no da para tanto.

“¿Por qué va a pesar ser el único (volante de armado)? Yo trato de hacer lo que sé, trato de ayudar al equipo y el respaldo de mis compañeros hace que no sienta nada de eso, la presión es mental y para mí no existe. James es determinante, es un jugador muy importante para nosotros, uno de nuestros líderes futbolísticos, pero ahí ya nos toca a todos la tarea”, dice, con ese aire de suficiencia que lo convierte en una de las revelaciones del Mundial de Rusia.

Y tiene razón. Ya hace cuatro años no estuvo Falcao y su ausencia tenía visos de tragedia. Y se jugó el Mundialazo de Brasil 2014. Ahora está él pero es una incertidumbre la situación de James. El golpe lo absorberá el equipo y desde el banco habrá que ingeniarse un partido de octavos contra Inglaterra con él a medias o decididamente son él.

Otro examen, uno más. “Vemos las dificultades como oportunidades y sé que vendrá cosas maravillosas”, se animaba Falcao después de caer contra Japón. Ahora él y los suyos saben que todo es posible si a la batalla van juntos, que unas veces ganará el talento pero otras habrá que salir en modo sufrimiento. Ahora se sabe hacer todo y se cree que es posible. A Moscú, aunque caigan rayos y centellas, se llevan todas las armas. ¡Que vengan los ingleses!

Jenny Gámez A.

Editora de FUTBOLRED

Enviada especial a Rusia

En Twitter @jennygameza

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