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Lunes 27 de diciembre de 2010 - Actualizado hace

2010: El año en que se acabó la maldición española

Momento en el que Iker Casillas, capitán de la selección española, levanta el trofeo de Campeones del Mundo.

Momento en el que Iker Casillas, capitán de la selección española, levanta el trofeo de Campeones del Mundo.

REUTERS

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'La Roja' cumplió con las expectativas e hizo valer el rótulo de candidato en el Mundial.

Es mucho lo que se habla antes de cada cita mundialista. Lo primero que se dice es que Brasil será campeón, llegue o no en su mejor momento, porque así es la cosa con ellos. También se dice siempre que habrá una sorpresa africana y por supuesto que España no podrá cumplir con las expectativas, tan altas o bajas como estas sean.

En Sudáfrica 2010 la cosa no era distinta. Para muchos Brasil trotaría por las sabanas sudafricanas bailando a todo el mundo para terminar levantando la copa sin sudar mucho. Este pronóstico no se dio, porque si bien la 'verdeamarela' venía con buen paso, Holanda terminó con el sueño de los dirigidos por Dunga en los cuartos de final.

De la sorpresa africana se puede decir que la gran actuación de Ghana lo fue, pues este equipo veloz, con mucha potencia física y mucho trabajo táctico, perdió con las botas puestas en los penaltis frente a Uruguay, ya en cuartos de final.

Y para responder al tercero solo hay que mirar el nuevo escudo que luce la camiseta española. El diseño es el mismo, los colores iguales, la simbología de cada elemento y cada palabra se mantiene, pero ojo, ahora tiene una estrella en la parte de arriba. Sí, así es, España, contra todo el escepticismo, se coronó campeón del mundo.

Cabe recordar que el escepticismo no era infundado, ¿cuántas veces nos quedamos esperando que ese gran grupo de futbolistas que juegan en una de las mejores ligas del mundo cuajara? En fin, esta vez la situación era un poco más fuerte, porque si bien muchas veces se esperaba algo grande de España, en Sudáfrica el superlativo nivel del equipo de Vicente del Bosque hacia imaginar que cualquier cosa menor al título era poco.

Por otra parte, los más 'creyentes' en el poderío español señalaban el título de la Eurocopa 2008 como la gran demostración de que la mentalidad era otra y de que el sueño, ahora, era posible.

Para nadie es un secreto que el equipo español enamora. Tiene un estilo lírico para jugar al fútbol, que mezclado con una efectividad ofensiva óptyima y una calidad defensiva alta logra un equipo prácticamente perfecto.

Comandado por Iker Casillas, un arquero en gran nivel, seguramente el mejor del mundo hace un par de años, y custodiado por una pareja de centrales de gran calibre, como lo son Puyol y Piqué, quienes además de ser talentosos se conocen del Barcelona, 'La Roja' se compone bien desde su nacimiento.

Los laterales fueron hombres multifuncionales. Sergio Ramos y Joan Capdevila tienen un poderío físico impresionante, buenas condiciones ofensivas y saben defender como si estuvieran en la parte central de la zaga. 

El eje del mediocampo formado por Sergio Busquets y Xabi Alonso le dio el equilibrio a todo el conjunto y fue precisamente ese respaldo en la zona medular el que le permitió a Xavi, Iniesta, Silva, Fábregas, Navas, Pedro, Villa, Torres o cualquier combinación que estuviera la última zona del terreno de juego, tener la libertad necesaria para crear y definir.

Este tipo de jugadores, sumados a un proceso de varios años hizo que el nivel español alcanzara su clímax antes del Mundial. La calidad estaba, la posibilidad era más que palpable, la duda radicaba en la mentalidad y este grupo de jugadores se sacudió, para elevarse en el lugar más alto del podio en Sudáfrica.

El camino no fue fácil, sobretodo porque en el debut España cayó 1-0 con Suiza. Si bien ese día el equipo de Del Bosque jugó bien, no encontró el gol y las dudas empezaron de nuevo.

El segundo partido era la oportunidad perfecta para limpiar la imagen. El rival era Honduras, sobre el papel el más débil del grupo H. España sacó el partido sin problemas y sumó los tres puntos gracias a un claro 2-0.

El tercer juego fue contra Chile un equipo que venía bien y, que bajo la batuta de Marcelo Bielsa se había convertido en candidato para sorprender en el certamen. Sin embargo los ibéricos hicieron su trabajo y con un 2-1 ganaron el partido y aseguraron el liderato del grupo.

En octavos de final empezó el recorrido más duro para 'la roja'. El primer escollo era la selección de Portugal. Un clásico ibérico que tenía el morbo de enfrentar a los españoles con Cristiano Ronaldo, quien siendo figura del Real Madrid jugaba cada fin de semana en territorio español, además de ser uno de los grandes jugadores del planeta.

Pese a esto, y con un gol de David Villa al minuto 63 del encuentro, el juego se decantó en favor de los 'eternos candidatos' que cada vez tomaban mejor forma y empezaban a ilusionar a su parcial.

Los cuartos no iban a ser nada fácil, pues allí esperaba paraguay, uno de los mejores conjuntos de Suramérica y quienes habían tomado el liderato de la zona F, dejando a Italia eliminada. 

Luego de un partido extraño, en el que los dos equipos fallaron un penal, otra vez Villa marcó, esta vez faltando menos de diez minutos, para poner a los españoles en la semifinal frente a Alemania, equipo al que habían derrotado en la final de la Eurocopa, pero que venía mostrando un gran potencial, sobretodo luego de eliminar a la Argentina de Messi, con un contundente 4-0 en cuartos.

Roto el maleficio de los cuartos, como ya había pasado dos años antes frente a Italia en la Euro, los españoles se permitían soñar. El partido era, para muchos, una final anticipada. Era el cara a cara de dos estilos de juegos distintos, pero igualmente fuertes y efectivos.

El duelo se decidió gracias a un potente cabezazo de Carles Puyol, quien con su gol puso a su selección en la final de un Mundial por primera vez en la historia.

El juego decisivo sería frente a Holanda un conjunto rápido, contundente y que tenía en Wesley Sneijder y Arjen Robben a las dos grandes figuras de la última edición de la Champions League.

Los 90 minutos de la final se fueron empatados a cero y la prórroga parecía que no iba a entregar un ganador debido a que ninguno de los dos equipos tenía el dominio de las acciones. Sin embargo al minuto 116, faltando solamente cuatro para que el Mundial tuviera que ser definido desde los once metros, apareció Andrés Iniesta, el mismo que se había acostumbrado a ser héroe para el Barcelona, quien dominó un balón dentro del área y remató fuertemente a la salida del arquero holandés para marcar el gol del título y darle la alegría, esta vez no solo a una ciudad, sino a todo un país.

La fiesta se desató en España y en varias partes del Mundo que vieron como finalmente los ibéricos se alzaban con el máximo trofeo del balompié mundial, algo que para muchos nunca iba a suceder.

Al final un balance muy positivo para 'La Roja' que ahora, con más fuerza, seguirá estando en la lista de candidatos cada cuatro años, con la única diferencia de saberse capaces de llevar a cuestas ese favoritismo.

Redacción Futbolred.com
 

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