La de Junior, una camiseta que le pesa a los delanteros colombianos

La de Junior, una camiseta que le pesa a los delanteros colombianos

La excepción a la regla fueron Didí Alex Valderrama y Miguel Guerrero.

Juan David Pérez, nuevo delantero de Junior.

Juan David Pérez, nuevo delantero de Junior.

Foto: Archivo EL TIEMPO

23 de julio 2015 , 09:47 a.m.

Tal vez Juan David Pérez, la más reciente contratación de Junior, no alcance la dimensión de otros atacantes colombianos fichados por el equipo barranquillero por cifras exorbitantes, pero se confía en que sea una de las excepciones de una regla que ha hecho carrera en el club, y es que delantero que es figura en su equipo de procedencia se diluye al venir a Barranquilla.

Un ejemplo claro de lo anterior fue el fallecido Ernesto Díaz, delantero bogotano que llegó a Junior en 1979, en una negociación por la cual el equipo ‘tiburón’ cedió a Santa Fe a Eladio Vásquez y al uruguayo Alberto Santelli. Díaz, integrante de la Selección Colombia subcampeona de América en 1975, fracasó estruendosamente en Barranquilla y debió regresar a suelo capitalino.

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Ernesto Díaz, delantero colombiano. Archivo EL TIEMPO

Didí Alex Valderrama fue la otra cara de la moneda. El samario justificó con creces los 25 millones de pesos que Junior pagó por sus servicios a Unión Magdalena, en 1984. En su primer año fue botín de plata al marcar 18 goles, detrás del argentino Hugo Ernesto Gottardi, de Santa Fe, quien hizo 23. Otro año espectacular de Didí en Junior fue  1987, en el que anotó 13 tantos, lo que motivó el interés de Atlético Nacional por sus servicios, llevándolo finalmente a sus filas.

El barranquillero Alex Comas tuvo dos pasos fugaces por Junior y en ninguno de ellos logró la  aceptación de los seguidores rojiblancos. Llegó para el segundo semestre de 1992 procedente de Unión Magdalena, en el que se había destapado como goleador.  Con Junior convirtió 14 goles, con los cuales completó 24 en el año, y obtuvo con esto el botín de plata. No obstante, dos penas máxima falladas frente a Millonarios quedaron más en la retina del público que sus mismas anotaciones.

En los primeros seis meses de 1993, Comas siguió en Junior, pero ante la falta de continuidad decidió regresar a Unión. Después, en  1994, actuando para Quindío y Nacional, marcó 31 tantos, siendo otra vez botín de plata detrás de Rubén Darío Hernández, quien hizo 32. En 1995 pasó a América, marcando 10 goles, y posteriormente se marchó a la MLS. Regresó en 1998 a Nacional marcando 25 goles y en el segundo semestre de 1999 tuvo su segundo chance en Junior, anotando apenas 5 goles.

Por otro lado, Miguel Guerrero también tuvo dos pasos exitosos por Junior. El primero en 1989 cuando fue cedido en préstamo por América. Su rendimiento fue tan notable que, al cabo de seis meses, los ‘escarlatas’ lo pidieron de regreso a sus filas. En 1993 volvió y sus 34 goles, que le sirvieron para alzarse con el botín de oro, fueron factor determinante para que Junior consiguiera su tercera estrella. Al año siguiente, Junior transfirió al ‘Niche’ a Bari, de Italia.

Otro delantero colombiano que vino con el rótulo de goleador y no dio lo que de él se esperaba fue Carlos Castro. El antioqueño llegó a Junior para la segunda parte de la temporada 95-96. Su estreno fue fabuloso: le marcó tres goles a Once Caldas, en la victoria 5-1, pero después se apagó. Después de seis meses regresó a Medellín y terminó como tercer mejor goleador con 27 tantos (jugando para DIM y Nacional), superado por Hamilton Ricard (36) y Arnulfo Valentierra (33). En el 2000 y 2001, con Millonarios, se alzó con el botín de oro, marcando 24 y 29 goles, respectivamente.

Orlando Ballesteros había terminado como máximo goleador del primer torneo de 1999 con Atlético Bucaramanga, pero para el segundo, cuando fue traspasado a Junior, su producción fue pobre (apenas marcó 4 goles). En el 2000 marcó 15 tantos con los rojiblancos, pero en el 2001 otra vez decayó (marcó 4) y se optó por su salida del equipo. Tras un buen 2002 en el cuadro ‘leopardo’, en el que recobró su vigencia goleadora, el ‘Fantástico’ volvió al Junior un año después. En ese 2003 cosechó 11 y en el 2004, 15. Esto no le alcanzó para mantenerse en el equipo barranquillero, del que salió hacia Envigado (2005) y después a Millonarios (2006).

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Ballesteros (izq.), durante un juego de Junior contra Santa Fe. Archivo EL TIEMPO

Seis meses antes de la llegada de Ballesteros, a principios de 1999, había llegado de Quindío un delantero poco conocido para la gran mayoría,  pero que se echó al público al bolsillo sin ser un eximio goleador: Eudalio Arriaga. Su mejor etapa fue en el equipo que dirigió Dragan Miranovic, en el primer semestre del 2003, alcanzando el subcampeonato. Marcó pocos goles con el conjunto barranquillero, pero fue un jugador querido por la hinchada.  

Uno que la afición siempre soñó ver vestido de rojiblanco fue el soledeño Henry Zambrano, quien llegó como refuerzo en el 2001, pero salvo los dos goles que le hizo a Boca en la serie de octavos de final de la Copa Libertadores, pasó desapercibido por Junior.

Luis Páez fue el segundo mejor goleador de la B con Itagüí (ahora Águilas Doradas), lo que valió el interés de Junior. Llegó con grandes expectativas en el 2011, pero nunca justificó el dineral pagado por él. En tres torneos disputados con los ‘tiburones’, Páez apenas marcó seis goles. Después de Junior ha deambulado por equipos como Huila, Nacional y Santa Fe.

En el segundo semestre del 2012, Junior incorporó a Dayro Moreno, quien venía del fútbol mexicano. El tolimense fue presentado junto a Teófilo Gutiérrez, quien había sido repatriado de Argentina, pero esta dupla, en la que se tenían cifradas muchas esperanzas, tampoco  dio los réditos esperados. Dayro marcó 12 goles en Junior, una cifra baja comparada con la que logró en el mismo lapso con Millonarios (29) y que le valieron para ganar dos botines de oro.

Tres pasos fugaces y sin ningún brillo

Varios atacantes tuvieron pasos fugaces y sin brillo por Junior, como Néstor Salazar y Wilson Carpintero. El primero, en el 2002, venía bien referenciado por sus actuaciones con América y Nacional, pero en Junior no le fue bien: apenas 5 goles en seis meses. El segundo, en el 2004, venía de ser figura de Bucaramanga, pero en Junior nunca tuvo regularidad, anotando apenas 4 goles.

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Néstor Salazar, durante su etapa en Junior. Archivo EL TIEMPO

Otro paso, más fugaz todavía, fue el del cartagenero Elson Becerra, delantero habilidoso y de cintura prodigiosa, quien salió por la puerta de atrás de la institución, junto a Arriaga y Ciciliano, luego de cometer un acto de indisciplina.

Manuel Ortega Ponce
Redactor ADN
Barranquilla

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