El verdadero poder de Álvaro González Alzate en el fútbol colombiano

El verdadero poder de Álvaro González Alzate en el fútbol colombiano

Los últimos cruces con Jorge Perdomo, presidente de Dimayor, deja ver el peso del dirigente.

Jorge Perdomo y Álvaro González Alzate.

La pelea con Jorge Perdomo, de la Dimayor, sacó otra vez a flote el peso que tiene el presidente de Difútbol en el fútbol local.

Foto: ETCE

13 de mayo 2018 , 09:48 a.m.

El fútbol colombiano, por estatutos, está dividido en dos ramas, la profesional y la aficionada. Y esta semana sí que fue literal ese término, el de ‘división’, por la pelea entre sus cabezas, Jorge Perdomo, de la Dimayor (profesional), y Álvaro González Alzate, de la Difútbol (aficionada), que, como van las cosas, le va a costar el puesto al primero, quien, asfixiado por el descontento en su contra, denunció ante la Confederación Suramericana de Fútbol a González por recibir 50.000 dólares por un contrato de asesorías.

Pocas veces el fútbol profesional llegó unido para tratar de frenar el peso de González. Una de ellas fue cuando Luis Bedoya asumió el mando de la Federación Colombiana de Fútbol, en 2006. Pero cuando comenzaba su tercer periodo, Bedoya renunció en noviembre de 2015. Había estallado el ‘Fifagate’. Ramón Jesurún asumió en su reemplazo, y a la hora de ratificarlo, hace tres meses, González fue clave al apoyarlo tras las intenciones de Perdomo y de César Pastrana de llegar a ese cargo.

La relación entre González y Perdomo es tirante desde el año pasado. Cuando se creó la Liga femenina, el presidente de la Dimayor permitió la inscripción de las jugadoras de los clubes aficionados sin pagar derechos de formación. El tema llegó hasta la Fifa, que le dio la razón a Perdomo.

El presidente de la Dimayor comenzó a meterse más en terrenos de la Difútbol. Primero con la firma del patrocinio con Bavaria para el Ponyfútbol y luego con un convenio con el Bayern Múnich para llevar jugadores juveniles allí, en lo que Perdomo calificó de “recreativo”. González se enfureció, y las ligas protestaron en bloque.

Perdomo devolvió el golpe con lo que podría ser un coletazo del ‘Fifagate’: unos pagos de la Conmebol a González que, para él, no tenían justificación, pero que luego la entidad suramericana justificó en un comunicado diciendo que no hay “ninguna mención ni identificación de operaciones ‘sospechosas’ o pagos indebidos”. Simultáneamente, un bloque de clubes se reunió para tumbar a Perdomo: habrá una asamblea extraordinaria para ello.

¿Cuál es su peso real?

González, en cambio, sigue firme. Es el dirigente más antiguo de los que tienen asiento en el Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol. Está a la cabeza de la Difútbol desde marzo de 1993, cuando reemplazó a Saúl Velásquez. Desde entonces, pero especialmente en los últimos 20 años, ha sido el poder detrás del poder.

Su relación con el fútbol comenzó mucho antes. A pesar de medir 1,59 metros, se las arregló para jugar como zaguero central en los equipos de los colegios por los que pasó, en su natal Manizales y en Fresno, Tolima, donde en 1964 tuvo sus primeros acercamientos a la dirigencia, organizando torneos en esa población. Dos años después ya era parte del comité de fútbol de Manizales, y luego fue secretario de la Liga de Fútbol de Caldas.

Con el tiempo, González llegó a ser revisor fiscal de la Federación Colombiana de Fútbol. Una investigación suya, sobre los gastos del Mundial de Italia 90, fue la cuota inicial de la salida de León Londoño, que tuvo el control de las dos ramas. Renunció en 1992.

Pero fue la llegada a la Difútbol la que lo convirtió en el gran jefe-barón electoral de la Federación, al manejar el voto de las 34 ligas del país. El fútbol profesional ha tenido que abrirse campo para hacer contrapeso: cuando González asumió en la Difútbol había 16 clubes en la A y la B no votaba. Hoy son 36 clubes con voz y voto. González puso presidentes de la Federación, como Álvaro Fina y Óscar Astudillo, pues la Difútbol lo escogía de una terna enviada por la Dimayor. Además, el fútbol aficionado ponía al revisor fiscal y al tesorero. Y hasta comienzos de la década de 2000, también controlaba la boletería de los juegos de la Selección.

El otro tema que le hizo ganar peso en la Federación a González era el arbitraje. La primera gran purga, en 1993, estuvo a su cargo. También la ‘operación Nasar’, en 2002, producto de una investigación contra la corrupción de los jueces. Pero, además, manejó mucho tiempo este ramo a través de las ligas, que eran las únicas que podían tener colegios de árbitros.

También ha tenido salidas en falso. Cuando estalló el escándalo que terminó en la renuncia de Hernán Darío Gómez a la Selección, en 2011, tras agredir a una mujer, lo defendió, aunque no de la mejor manera: “Si Piedad Córdoba fuera agredida por un hombre, estaría todo el mundo aplaudiendo”, dijo. O cuando declaró, en 2012, acerca del arbitraje, asunto que lo apasiona: “Se comenta que uno de los primeros requisitos que se tienen para llegar a las altas esferas del arbitraje colombiano es ser homosexual, y eso me parece grave”.

González también se dio el lujo de sacar técnicos: en 2001, la Selección empató 2-2 con Venezuela en San Cristóbal. El DT de entonces, Luis ‘Chiqui’ García, cayó en desgracia. El dirigente sugirió armarle un cuerpo técnico nuevo, y el ‘Chiqui’ acabó afuera. Ese peso sigue más que vigente.

José Orlando Ascencio
DEPORTES EL TIEMPO

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