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Miércoles 10 de junio de 2009 - Actualizado hace

Medellín apoyó de principio a fin y le cumplió al equipo nacional

La afición antioqueño le dio un espaldarazo al equipo nacional.

La afición antioqueño le dio un espaldarazo al equipo nacional.

Juan Diego Ortiz Jiménez / FUTBOLRED

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La Tricolor vivió un idilio con la afición que la alentó durante los noventa y tantos de juego. A cada instante coreó sin parar. No cabe duda que Medellín le cumplió a la Selección.

No importó si era antepenúltima. Si Sudáfrica no estaba en su plan de vuelo o sus gargantas tenían telarañas porque hace rato no cantaban un gol. A pesar de todo la afición antioqueña le brindó todo su cariño a la Tricolor.

En la antesala le manifestó su calor en el sitio de concentración, en el recorrido hasta el Estadio y en las dos prácticas que realizó el combinado patrio. Hubo amor a primera vista. Colombia jugó en Medellín después de 13 años y la afición no dejó pasar la oportunidad.

Y en el partido si que se sintió el aliento y el calor. Desde el principio del juego hicieron sentir quiera era el visitante. Los Incas entraron en una tremenda silbatina y el famoso "el que no salte es un peruano..." no se dejó de escuchar.

La gente llegó a cantar los esquivos goles de un seleccionado pobre en ataque. El grito atascado solo soltó a los 26'. Ya Marín, el mismo Falcao y Zúñiga habían excitado la garganta de los más de 30 mil que le cumplieron la cita al equipo de Lara.

Pero fue el delantero de River quien hizo explotar el júbilo en el Atanasio Girardot. Acabó el ayuno de 207 minutos sin anotar y respondió con el gol todo el cariño que le brindó la tribuna.
Parodiando a Galeano, la multitud entró en delirio  y el estadio se olvido que era de cemento y se desprendió de la tierra y se fue al aire. El Atanasio se convirtió en un mar amarillo y las olas circulares embellecieron un panorama de por sí, ya bello.

Al final del primer acto, como en una puesta de escena sublime, los dirigidos por Lara se fueron con un cerrado aplauso.
La Selección también sirvió para unir el agua y el aceite. El rojo tradicional de norte y el verde habitual de sur se fundieron en un solo amarillo. Los dos bandos, otrora enfrentados, cantaron juntos y vivieron un solo sentimiento.

Las circunstancias del partido llevaron a que la ansiedad y la incertidumbre se adueñaran de la gente. Colombia perdió la batuta y Perú se acercó con peligro al arco de Ospina. Pero una vez la tribuna se hizo presente. Los canticos volvieron a aparecer e hicieron más llevaderos los cuatro minutos de reposición.

Los excesos de uñas se consumieron rápidamente hasta que se escuchó el pitazo final de Carlos Simon que le devolvió el alma al cuerpo al estadio que una vez mas estalló de alegría.

La Selección revivió y en eso tuvo gran responsabilidad el público antioqueño... Medellín le cumplió a la Selección.

Juan Diego Ortiz Jiménez
Especial para FUTBOLRED

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