Resulta innegable el impacto que trajo consigo la década del cuarenta en el mundo y, en Colombia, particularmente el año de 1948. Recuerda el mundo con algo de beneplácito pero con total dolor y frustración la caricaturesca guerra inventada e iniciada por Hitler en 1939 contra lo que él llamaba una "raza inferior". Guerra que, por supuesto, se le salió de las manos, degeneró en una hecatombe de proporciones bíblicas y... bueno, el desenlace de 1945 es suficientemente conocido, interpretado, adaptado y distorsionado por todos. En 1948 cayeron asesinadas un par de figuras que gozaban de cierta relevancia en sus respectivos entornos: Mahatma Gandhi y Jorge Eliécer Gaitán. Aunque diametralmente opuestos en sus Modus Operandi, son aún recordados, imitados, e incluso llorados por sus seguidores. Dos personajes que, a su manera cada uno, vistieron ese traje de incomprensión, de rebeldía, de irreverencia y de revolución (dejo acá mi último esfuerzo por resistirme a usar esta palabreja) que encarnó una y otra vez en toda suerte de "mártires", que corroyó la existencia de estos de manera poco decorosa y que terminó con sus vidas, siempre en circunstancias violentas y humillantes.
Gandhi, natural de la India, fue el líder natural de la resistencia sin armas que el pueblo de ese país ofreció contra la ocupación británica. En cabeza suya el país logró independizarse del yugo de la corona, y tiempo después fue asesinado por un fanático, en teoría, por llevar la paz al extremo, pues pretendió convivir con musulmanes en territorio de la India. Se constituyó en el ícono por excelencia de la revolución pacífica, del poner la otra mejilla, del "no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti", del "para todos, todo" y demás rarezas filosóficas y dialécticas que en un entorno más o menos normal y sano (¿existe ese entorno?) se mirarían de reojo.
Jorge Eliécer Gaitán, colombiano, político y caudillo de "cualidades" populistas. Se dice que partió en dos la historia política de Colombia, quedando algo difusa la idea de, sí lo que realmente cambió esa manera de hacer política fue la figura de Gaitán como tal, o el hecho circunstancial y anecdótico de su asesinato. Asesinato que, de una u otra forma, destapó la conocida, pero auspiciada en un colectivo silencio cómplice, violencia bipartidista en este país, y que cobró millares de vidas, generó otras tantas persecuciones e hizo de los dos partidos tradicionales enemigos irreconciliables.
1948, el mismo año en que en Bogotá, con la humareda y la zozobra del Bogotazó aún haciendo parte de la atmósfera, se instituye la Organización de Estados Americanos (OEA); el mismo año en que la ONU promulga la Declaración Universal de los Derechos del Hombre; el mismo año en que en Norteamérica tres tipos tanto o más incomprendidos que Hitler, que Gandhi, o que Gaitán, o que los tres juntos, inventan el transistor.
1948: el año en que rueda la pelota en Colombia, y con ella toda la pasión de una idiosincrasia que, a partir de ese momento mágico, se identificó más y más consigo misma avaluando una prenda amarilla en un valor altamente superior al de la misma bandera, identificándose más a través de un desentonadamente romántico grito de gol que de los acordes del Himno Nacional, idealizando en once tipos comandados por un general de cabellera rubia y un #10 en la espalda a sus verdaderos próceres por encima incluso del mismo ejercito bolivariano.
1948: El año en que se entendió de otra manera lo que significa el nacionalismo, el año en que comenzamos a hacernos colombianos a las patadas.
Tantas actitudes, tanto de eso que las señoras llaman resabio, tanto vejamen marca registrada (y cortesía de la casa) del tipo malicia indígena, el que piensa pierde o el vivo vive del bobo revestidos de colombianismo, y que en cierta medida tienen su pila bautismal en una u otra región del país, no generan las vertientes de opinión y radicalización de posiciones que se derivan de la pregunta simple ¿Por dónde entró el fútbol a Colombia?
Ese pequeño orgullo se lo disputaron por mucho tiempo, y se lo disputan aún (hoy por hoy todavía es tema de tertulia con algún letrado lustrabotas) Barranquilla, Pasto, Bogotá, Santa Marta, y toda cuanta ciudad hubiese albergado ingleses (de cualquier condición, aspecto y calaña, pero ingleses) a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Soy adepto de la tesis de que el fútbol entró a Colombia por Barranquilla entre 1900 y 1903, no solamente por el gran volumen de británicos que llegaron a trabajar en la construcción del ferrocarril que comunicaría a la capital del Atlántico con Puerto Salgar, sino porque los primeros estatutos y reglamentos serios, coherentes y organizados, dirigidos a instituir la práctica de este deporte vieron la luz gracias al consenso de dirigentes barranquilleros.
Mucho fútbol con la etiqueta de barrial se jugó en Colombia antes de aquel 15 de agosto de 1948, sin querer decir que esta etiqueta denote necesariamente miseria o amateurismo, aunque si desorganización.
Desorganización que, dicho sea de paso, es la precursora de ese regionalismo que casi nunca tiene sentido, de ese fanatismo desmedido que raya con la enajenación y que degenera en hacer daño, en herir e incluso matar por llevar una prenda distintiva de este o aquel equipo.
Lo digo porque en aquel entonces, en circunstancias en las que lo menos que se espera es alcanzar consenso, las ligas regionales hicieron todo lo que estaba a su alcance para boicotear las decisiones adoptadas por la ADEFUTBOL, en un afán desmedido, enfermizo y anárquico por tomar el mando del fútbol en Colombia. Los elementos disociadores de siempre: Antioquia, Valle, Atlántico y Magdalena, se enfrascaron en una guerra en la que su objetivo no iba mucho más allá que intentar pasar sobre el otro para alcanzar la dirección nacional. Los principios de autoridad y de solidaridad no parecían ser precisamente los valores que rigieran la causa de estas ligas regionales.
Pero ese fue apenas un ingrediente. El otro lo suponía el hecho de que, al no existir una liga formalmente conformada, el sistema de competencia no dejaba satisfechas a todas las regiones, lo que le inyectó bastante fuerza a las competencias regionales dejando atrás toda aspiración de entablar un campeonato de carácter nacional. A lo anterior hay que sumarle que los tres clubes históricos, Deportivo Cali, Millonarios y Santa Fe, habían importado varios elementos extranjeros de cierto nivel, y la afición se hacía en eventos organizados por particulares, más no en actividades de tipo oficial.
Fue entonces cuando se hizo necesaria la aparición en la escena de dos nombres (y hombres) que fueron claves en el inicio de la actividad profesional en Colombia, y que llevaron a feliz término el desarrollo de todo el proceso: Humberto Salcedo Fernández y Alfonso Sénior Quevedo. Fueron ellos, quienes con la ayuda de otros notables del medio, instauraron el primer consejo directivo de la Dimayor, con Salcedo como Presidente y Sénior en el cargo de Fiscal.
Allí se definió que el 15 de agosto rodaría la pelota, que el valor de la inscripción por equipo ante la División Mayor era de mil pesos m/cte, que los participantes serían Millonarios y Santa Fe por la Capital de la República; América y Deportivo Cali por Cali; Deportes Caldas y Once Deportivo por Manizales; Junior por Barranquilla, el Universidad por Pereira; y Atlético Municipal e Independiente Medellín por Medellín.
En una impresionante gesta comercial y empresarial, se logró que la Empresa Aerovías Nacionales de Colombia (AVIANCA) se vinculara con el fútbol profesional, ofreciendo transportar a las distintas delegaciones a las ciudades requeridas con un descuento especial, para directivos y jugadores, que llegaba al 45% liquidados sobre la tarifa plena.
Reglamentos, estatutos y procedimientos de la División Mayor del Fútbol Colombiano quedaron legalizados y formalizados el 7 de julio de 1948: se jugaría por el sistema de todos contra todos a doble vuelta, cruzando locales y visitantes, y serían seis ciudades las que verían acción cada domingo a las 4:00 P.M.: Bogotá, Cali, Barranquilla, Manizales, Pereira y Medellín. Solo faltaba el sonido del silbato.
PRIMER CAMPEÓN
Fue Independiente Santa Fe, club de la Capital de la República, el primero en gritar Campeón el 19 de diciembre de 1948. Con el peruano Carlos Carrillo Nalda al mando desde el banquillo técnico, y con Julio "Chonto" Gaviria como figura excluyente, el equipo bogotano dio buena cuenta de sus rivales a lo largo del campeonato, y sí bien no estaba en la baraja de favoritos al inicio del torneo, fue ganándose a pulso su sitial en los primeros lugares, para consolidarse en esta fecha venciendo 6-0 al Independiente Medellín, bordándole la primera estrella a su escudo y haciéndose merecedor de un honor que nunca nada ni nadie le podrá sacar: el de Primer Campeón de Colombia.
Pero más allá de lo anecdótico, la primera piedra sobre la que se iba a edificar esta iglesia había quedado bien sentada; el primer campeonato fue todo un éxito, ya existía reconocimiento por parte de FIFA y por nuestros estadios comenzó un colosal desfile de figuras de América y Europa que, además de engalanar el espectáculo con toda la magia que traían consigo a cuestas, le inyectaron al campeonato un nivel extraordinario, que incluso llevó a que un equipo como Millonarios, El Ballet Azul, fuera invitado a España para celebrar las Bodas de Oro del Real Madrid.
Productos de primerísima calidad importados de Argentina a un costo irrisorio para la época de El Dorado: Pedernera, Rossi, D'Stéfano, el "Charro" Moreno, Carrizo (e infinidad de nombres de los que solamente se puede dialogar con memorias privilegiadas del tipo Hernán Peláez o Andrés Salcedo), junto a inolvidables peruanos, paraguayos y uruguayos, y una generosa cantidad de jugadores europeos, venidos especialmente de los Balcanes, dejaban en el ambiente la sensación de que en este país se practicaba el mejor fútbol del mundo, y así mismo, producían cierta inquietud en el sentido de que, de haber una competencia internacional, cualquiera de nuestros clubes la ganaría y por mucho, y más después de la imagen que dejó Millonarios al vencer 2-4 al Real Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu: para infortunio nuestro, la Copa Libertadores comenzó a jugarse 10 años tarde.
1948: Puntapié Inicial Al Sentimiento De Patria
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario1.marchrodrig
Estoy totalmente convencida que este articulo ubica al lector dentro de un marco histórico – deportivo que permite tener una visión y entendimiento de los momentos y/o situaciones que enmarcaron no solo la historia de nuestro país a nivel político y social sino que dieron paso al nacimiento del deporte más lindo del mundo en nuestra tierra.
Mil Felicitaciones.
SMRP
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario2.fernanditoezequiel
Excelente reseña sobre el nacimiento de semejante pasión. Me parece clave, que sobre fútbol no sólo hablen personas que les guste dicho deporte, sino personas preparadas en otras profesiones, que le otorguen un contexto mas allá de las patadas a un balón. Eso termina demostrando, que el fútbol es mucho más que un deporte. Buena Apuesta Futbolred..
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario3.creedgeorge
Grande Sebas.. que buen articulo.. Jorge S.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario4.carlososorito
Excelente artículo. Como siempre, futbolred con su buena calidad en cuanto a bloggers.
Saludos.
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