Se fueron los italianos.
"A casa con vergogna", pero no como los franceses. La novela de los italianos fue más estoica. Es decir, ecuánimes ante la desgracia. Si iban a morir, iban a caer como gigantes. Vi los mejores 20 minutos de este Mundial. Cuatro goles, un gol anulado, un balón que se perdió en el limbo de la raya (por más que vean la repetición, jamás sabrán si el balón de Quagliarella entró); dos equipos que se pegaron con toda la fuerza que le queda a un boxeador a punto de caer a la lona. En esos minutos se defendieron atacando, y cada vez que los comentaristas daban por sellado el partido, llegaba un gol más.
Gracias a Quagliarella por es remate en el segundo de Italia, pausado e indiferente, como si fueran ganando 10-0. Y gracias a Eslovaquia por irrespetar al campeón y ganar sin especular.
Les dejo algunas fotos de las 'tapas' de los medios italianos. La estética de la derrota. Sigan los resultados, las posiciones y el verbo desde Sudáfrica, en la
entrada anterior.

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