"Va te faire enculer, sale fils de pute!", fue la respuesta de Nicolás 'El Puma' Anelka, cuando Raymond Domenech le pidió en el entretiempo de Francia-México que no se tirara atrás, que jugara adelante y buscara - por el amor de Dios - un gol. El mismo Anelka que aparece en cualquier conversación sobre los peores fichaje de historia del Real Madrid; el mismo al que alguna vez describió un compañero de equipo como un mercenario, un jugador que jugaba fútbol sólo para sí mismo. "Un hijo de puta completo".
Domenech lo reconvino en un tono cortés - dice la prensa -. Seguramente habló muy suave, algo ronco y con la mirada vacilante. Como el galán de una película francesa en su fase de decadencia: sin autoestima, al borde del alcoholismo, solo, divorciado, odiado por sus hijos.
"Domenech no regresa a Francia como técnico de la selección", dijo uno de los jugadores franceses, o un ex jugador (tal vez Zidane, que ronda los partidos y los ve parado atrás, en la parte más alta de la tribuna, como si quisiera emprender la fuga en cualquier momento). Lo cierto es que Domenech no era técnico desde que llegó a Sudáfrica. La prensa lo odiaba, los jugadores no lo querían. Nadie le creía. Él tampoco.
Los franceses volvieron una novela su Mundial. Como volvieron una novela su clasificación (la mano de Henry, la ira irlandesa). Primero lo de Anelka, después la pelea en la concentración. Lo mejor que pueden hacer ahora es terminar esto de manera silenciosa. No hace falta que digan que se niegan a entrenar, porque ya todos sabemos que nunca entrenaron.
Es mejor acabar esta película con algo poco estruendoso. Si es una victoria, que sea sin celebraciones de goles ruidosas ni broncas ni expulsados. Y si es una derrota, que el avión esté prendido a las afueras del estadio. Por supuesto, nada de lágrimas. Después, de vuelta en Francia, a lamerse las heridas a puerta cerrada.
Falta contra el balón: "La mano no le quita mérito al gol de Luis Fabiano", dijo hoy Javier Hernández Bonnet en Caracol. Si dos manos antes de un gol no le quitan mérito, entonces no sé qué...
Y otra más. Los latinoamericanos pueden dar un golpe de Estado en este Mundial. Brasil a media máquina, Paraguay y México con disciplina, y Argentina con individualidades, han sido más que Inglaterra, Italia e incluso Alemania.
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