Creo que el fracaso se conjuga de diferentes formas. Una es fallar en el momento justo, como el penal que erró Roberto Baggio para Italia en la final ante Brasil en USA'94 (y que inspiró la publicidad sobre la revancha, el keep walking de Johnnie Walker). Baggio mandó ese balón a las nubes, sí, pero llevó a Italia a esa final. Su fracaso no deja de ser amargo, muy amargo, pero duele de otra manera.
Otra forma de fracasar es convertirse en un fantasma; deambular por la cancha como un perro que accidentalmente burló los controles de seguridad de la Policía. No hacer diferencia o, peor aún, estorbar. En este rango podemos meter a varios en este Mundial, claro, con diferencias y matices: Didier Drogba, quien al menos pudo ponerse la camiseta y marcar un gol después de sufrir una fractura en el codo días antes del debut; Franck Ribery, un paréntesis dentro del paréntesis francés; los ingleses Lampard, Gerrard y Rooney, en el ejército fallido de Capello (el caso delantero del Manchester United es quizá el más dramático: dos mundiales, cero goles, con la opción de una redención en 2014). Y la exhibición de Cristiano Ronaldo.
(No incluyo acá a jugadores como Fabio Cannavaro, que a sus 36 años - después de darle una Copa del Mundo a su país - tuvo que poner la cara de la 'vergogna' italiana. Para mí, 'Che' Cannavaro puede darse por bien servido).
Pero volvamos a Cristiano Ronaldo. No vi ningún partido de Portugal completo, así que algún lector podrá corregirme, pero cuando lo hice por largos pasajes, y cuando el balón le caía a CR7 - como le decimos gracias a Nike -, siempre vi una de dos escenas. O una jugada ambiciosa de CR7, de parque de barrio, casi infantil, o una expresión de actor de película de acción en un momento difícil. Una cara sobreactuada, falsamente tensa, tipo Jean Claude Van Damme; un gesto que debe ser de sufrimiento pero nunca verse mal (las cámaras están ahí).
Incluso en su momento menos malo en este Mundial, cuando ante Corea del Norte marcó un gol después de que el balón le bailara en la espalda, Cristiano hizo cara de quinceñera acontecida o de adolescente al que le hicieron una broma divertida. Le escondieron los cuadernos.
Todo ese fracaso envuelto en un 'happening', lleno de producción y maquillaje, es el peor del fútbol. Más aun cuando viene de un jugador de primerísimo nivel, en el momento más alto de su carrera y en el que todo un equipo cifró la clave de su juego.
Si CR7 quiere ser amigo de Paris Hilton y tener su propia marca de calzoncillos y vender su perfume, está bien. Que haga de su vida un 'reality' y juegue fútbol y sea feliz. Pero los efectos están a la vista. Mientras caminaban hacia los camerinos, eliminados por una España a la que pudieron haber vencido, Coentrão, Tiago y Costa seguramente lo pensaron: Portugal se hundió con un imbécil en la cancha.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario1.rafaelperezbecerra
A Cristiano Ronaldo le quedó grande la banda de capitán, y si gracias a Nike CR7 creyó que disparando al arco en todas las oportunidades y haciendo cara de drama durante 90 minutos iban a esculpir una estatua de 20 metros y ponerle a un estadio su nombre está muy equivocado y se dejó llenar la cabeza.
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