Lo más triste es que nuestros periodistas deportivos, como es usual, se enamoran del lugar común de los lugares comunes: "Colombia está ahí, pegadita, en la pelea", afirma Kempes, y los titulares de prensa lo repiten. En esa misma pelea está Colombia, dicen los comentaristas del Gol Caracol. Claro, cuando su narrador deja de gritar y da tiempo para uno o dos apuntes.
Si Colombia está en alguna pelea - además de la que tiene con el arco contrario -, lo cierto es que está menos en la pelea que hace cuatro años, para ir Alemania, y que hace ocho, para ir a Japón-Korea. Y eso ya es mucho decir. Antes nos jugábamos el repechaje con Uruguay; ahora, además de ellos, nos damos codo con Venezuela y Ecuador. Y a todos los miramos desde abajo, incluida Venezuela (recuerden que en los ítems de desempate cuenta - como es más lógico - los resultados entre los equipos en disputa. En esa serie estamos 1-2).
El fútbol de la Selección Colombia es desconcertante y esquizofrénico. En el Monumental parecía que nos llevábamos un resultado épico y perdimos. Para rematar, Lara sacó a los dos jugadores más peligrosos - Falcao y Marín - para meter a un novato y un ex goleador - Ramos y Rodallega -. En el Atanasio le ganamos al peor equipo de la eliminatoria con un gol de trompicón y terminamos pidiendo tiempo. En los últimos 30 minutos, Perú pudo remontar y ganar.
Hablo de los peruanos, últimos en la tabla. El equipo con un técnico que se mira más al espejo de lo que ve fútbol, el equipo que regresó a Lima y olvidó a uno de sus delanteros, Hernán Rengifo, en el hotel en Medellín. Dice la prensa que sus compañeros sólo se percataron de su ausencia al llegar a Lima. "En el fútbol peruano ya han pasado tantas cosas (...) hemos caído en tantos errores que ya no les debe sorprender lo que pueda pasar", dijo Rengifo, a quien la contundencia que le falta en el área rival le sobra como comentarista. Eso sí, ¿quién no se olvida rápidamente de un delantero que no hace goles?
Pongo mis fichas y mis deseos en Ecuador, que se volvió la Colombia de los noventa. Hace tres eliminatorios juega con convicción, derriba gigantes en el Atahualpa de Quito y pone a sus jugadores a sonar en las mejores ligas del mundo. Luis Antonio Valencia, por ejemplo, está en la mira del Manchester United. ¿Cuándo fue la última vez que un jugador colombianos estuvo en boca - realmente - de un equipo grande? (además de Iván Ramiro).
Para terminar, Argentina, que está atrapada en sus propias vanidades. La Iglesia Maradoniana anda en crisis y perdiendo feligreses; los hinchas protestan, y otros dicen que todo estaba fríamente calculado: la idea era darle a Maradona la albiceleste para que fracasara - como le dieron la selección mexicana a Hugo Sánchez y fracasó -, para que dejara de una vez por todas de hinchar las pelotas con sus críticas. El problema es que, atrapados como están en sus vanidades, los argentinos no pensaban que el fracaso alcanzara para juntarse con la chusma del repechaje.

Esta postal resume poéticamente la derrota gaucha en Quito (vean la foto más larga en la versión impresa de 'El Espectador'): todos con las manos en la cabeza en vez de tenerlas arriba, como acostumbran, celebrando con los puños cerrados. Todo esto me recuerda la Argentina jugando el repechaje contra Australia, antes de USA'94. Por ahí alguien en Buenos Aires propone que Maradona se vista de cortos otra vez y entre a dar una mano ahora, como antes. Y que sé yo, boludos, por ahí entra y lo da vuelta y clasifican.
(foto EFE)
Adicione su comentario