Sin querer queriendo, como decía 'El Chavo del 8', Juan Román Riquelme volvió a quedar involucrado en el centro de una recia polémica. La fiscal contravencional María Florencia Zapata citó al '10' de Boca Juniors de Argentina por presunta incitación al desorden en un espectáculo deportivo. Y, claro, se armó el gran escándalo. Un día antes, pese a haber sido la gran figura de la victoria de su equipo, 2-1, en el clásico contra Racing Club, a los "expertos" de los medios de comunicación les llamó más la atención el hecho extrafutbolístico. En el olvido quedaron los dos goles del domingo, el liderato en solitario, la posibilidad de un nuevo título, porque para algunos, incluidos los medios de comunicación colombianos, 'polémica mata goleador'. El poder, ¿para qué?
Al promediar el segundo tiempo del partido en La Bombonera, Riquelme discutió con un hincha después identificado como Agustín Pozzetti, de apenas 21 años. Según el futbolista, reaccionó por las constantes agresiones que bajaban desde la platea, que en ese estadio, se sabe, queda ahí nomás. Luego, cuando Román anotó el segundo gol, el que a la postre significó el triunfo de Boca, y asumir el comando de la tabla de posiciones en solitario, corrió hasta donde el hincha y, según relató más tarde, le dijo: 'Gritá el gol ahora'. Él no tiene derecho a insultar tanto, a agarrarse los testículos como lo hacía durante el partido con los jugadores de Boca", explicó. Y agregó: "hay gente que paga la entrada y cree que nos puede insultar durante dos horas. Nosotros estamos trabajando".
Riquelme no es santo de la devoción de los periodistas, está claro. Ni en Argentina ni en Colombia, donde reina un gran 'antiargentinismo'. Tampoco lo fue en España. Es un tipo raro, para algunos solitario, que pese a su bajo perfil con relativa frecuencia se ve envuelto en agrias polémicas, como esta. Es un tipo frentero, de carácter, que dice lo que piensa y lo dice sin ambages. Sabe poner los puntos sobre las íes y también marcar los límites para resguardar su vida privada, de la que es muy celoso. Y, claro, esa actitud no les gusta a muchos periodistas, acostumbrados a meterse en donde no les importa, a hurgar más allá de donde lo sugieren los límites de la profesión y de la decencia. Por eso, claro, cada vez que Riquelme está en el centro del huracán hay quienes, con su consabido amarillismo, hacen fiesta.
Hay quienes sostiene que el hincha, porque paga, tiene derecho a exigir. ¿A exigir qué? ¿Puede exigir más el que va a la platea (porque es más costosa la boleta) que aquel que asiste a la popular (la entrada más barata)? ¿Dentro de ese poder para exigir está la posibilidad de agredir, de insultar permanente e impunemente? ¿Tiene que someterse el futbolista a esas agresiones, sin reaccionar? ¿Cuando se producen incidentes como este del domingo pasado, hay que juzgar al jugador, al hincha, a ambos? El problema es que no existe legislación al respecto, al menos en Colombia, y se termina juzgando cada caso según la calentura del momento, según el calibre de los involucrados, según la forma en que los medios de comunicación presenten "la noticia".
Pagar el precio de la boleta, sin importar el valor, no es patente de corso para actuar con violencia. Que no es solo armar grescas, ir al estadio con armas blancas o, como ha ocurrido lamentablemente, asesinar a los hinchas rivales. Pagar el precio de la boleta da derecho, únicamente, a asistir a un espectáculo elegido libremente por el aficionado. Nada más. El problema es que tanto en Argentina como en Colombia ir al estadio se convirtió, tristemente, en un escenario de liberación social. Se acude allí para desfogar su ira contra la sociedad, contra el alcalde, contra el técnico de turno, contra los medios de comunicación, en fin, contra todo y contra todos. Y los futbolistas, sin quererlo, terminan convertidos en marionetas de ese peligroso juego.
Que se agredió al hincha de la misma barra porque tal jugador erró un gol, que se apuñaleó al hincha rival porque se burló del ídolo propio, que se asesinó al transeúnte porque un jugador marró el penal que significó la derrota del equipo amado... Todas las disculpas parecen válidas, cuando lo cierto es que no existe justificación alguna para admitir la violencia. Pozzetti, que como dijo Riquelme goza del privilegio de poder asistir al estadio en una ubicación privilegiada, hizo mal uso de ese derecho. Tomarse los testículos y gritarles a los jugadores no es la mejor manera de alentar, de mostrar su amor por el equipo. Esa sí que es una incitación a la violencia, una agresión. Tampoco es que el jugador pueda reaccionar de cualquier manera, pero hay que ver qué fue primero.
La esencia del hincha es alentar, algo que uno observa en España, en Inglaterra, en Alemania, en fin, en culturas más civilizadas que la nuestra. Un partido de fútbol no es la vida, nada de ella va a cambiar (o no debería hacerlo) por un resultado. Se asisite, según propias palabras de Pozzetti citadas por el diario 'Clarín', a "disfrutar del espectáculo, a alentar a su equipo, a querer que gane su equipo". No existe, entonces, justificación alguna para que esa conducta, de acompañamiento, se cambie por una de agresión. Menos, como en el caso de Riquelme, cuando no hay provocación de por medio. Y pensar que la reacción del futbolista 'xeneise' fue "incitación a la violencia" es "una boludez", como dijo el propio '10'. El día que los medios de comunicación y la justicia ordinaria actúen de oficio contra los verdaderos violentos, contra esos delincuentes que se creen con derechos por el simple hecho de comprar una boleta, seguramente se acabarán las justificadas reacciones de futbolistas como Riquelme.
Lo triste de todo este hecho es comprobar cómo el poder que poseen los medios de comunicación sí es utilizado para explotar una polémica, para armar una tormenta en un vaso de agua, y no para combatir a los violentos. Los actos vandálicos ocurren uno tras otros y los "expertos" y "especialistas" hacen caso omiso en la mayoría de las ocasiones. "Esa es una noticia judicial, no deportiva" es lo que argumentan. Entonces, ¿por qué se registra ahora, con tanto despliegue, el caso de Riquelme? ¿Acaso no es un hecho judicial? Los medios de comunicación han sido generalmente testigos mudos de los hechos de violencia, cuando deberían ser los principales interesados en ejercer control. El día que se combata a los verdaderos violentos, no a los que ocasionalmente son sus víctimas (como Riquelme) es que los aficionados de bien, las familias y los niños, podrán regresar a los estaidos. Y será, entonces, cuando el fútbol vuelva a ser una fiesta, como antaño, y no un escenario de descomposición social.
Un precedente importantísimo
El martes en la noche, en 'Noticias Caracol', Javier Hernández Bonnett dio cuenta de una noticia que puede cambiar el rumbo de aquellos acostumbrados a la trampa en el fútbol. Según el connotado periodista, la Comisión Disciplinaria de la Dimayor sancionará con una fecha al barranquillero 'Piojo' Acuña, del Junior, por haber simulado la falta que el árbitro José Luis Niño decretó como penal en el partido que este equipo igualó 1-1 con América el pasado fin de semana. Lo más importante de la sanción, que se antoja corta, es que se sienta un precedente o, como dicen los abogados, jurisprudencia: de ahora en adelante, de oficio (es decir, por su propia cuenta y riesgo) la Comisión puede sancionar a todos aquellos tramposos que tanto daño le hacen al fútbol.
Era algo que hace un par de meses había anunciado Ernesto Carrasco, presidente de la Comisión Arbitral, pero que no se había puesto en práctica. Está claro que a los árbitros que se equivoquen hay que sancionarlos, para bien del espectáculo. Pero, más claro aún es que a estos payasos, a los genios de arte de engañar, como Emerson Acuña, hay que sancionarlos también; y tan duro como sea posible. Es la primera y, ojalá, no sea la única de estas acciones que se necesitaban en el fútbol colombiano hace mucho, mucho rato. Es lo mismo que contra los violentos: es a ellos a los que hay que combatir, a los que engañan, porque ellos son los que atentan contra el espectáculo, los que reniegan de su profesión.
Si ese tipo de acciones se vuelven conducta, si todas las jornadas la Comisión Disciplinaria revisa los videos y detecta a los tramposos, sin duda el fútbol colombiano será mejor. No en cuanto a la calidad de su juego o del espectáculo, pero sí en lo que se refiere al ambiente, al respeto por el rival, por el aficionado que acude a la tribuna. De malas Acuña que fue el primero, ¡y ojalá no sea el último!
Carlos Eduardo González Ll.
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Riquelme no es el santo de mi devocion pero pienso que tiene todo el derecho de hacerse respetar. en cuanto a lo del piojo acuña, la sanción es muy bajita si se tiene en cuenta que esa actitud influyó directamente en el resultado
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario2.cbp83
Ir a un partido de fútbol es como ir al cine, al teatro, a un concierto... es simplemente un espectáculo abierto a quienes pagan por verlo. Si a uno no le gusta lo que está viendo, simplemente se retira de él y no vuelve. Pero nuestra sociedad convirtió el fútbol, en particular, en un "desahogadero" de pasiones y frustraciones. A los violentos y aquellos que se sienten con el poder de agredir violèntamente a los jugadores del equipo: ¿El fùtbol les da de comer? Si la respuesta es no, ¿Por qué la violencia? Si se está inconforme con el espectáculo, no vuelva, y punto.
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Ir a un partido de fútbol es como ir al cine, al teatro, a un concierto... es simplemente un espectáculo abierto a quienes pagan por verlo. Si a uno no le gusta lo que está viendo, simplemente se retira de él y no vuelve. Pero nuestra sociedad convirtió el fútbol, en particular, en un "desahogadero" de pasiones y frustraciones. A los violentos y aquellos que se sienten con el poder de agredir violèntamente a los jugadores del equipo: ¿El fùtbol les da de comer? Si la respuesta es no, ¿Por qué la violencia? Si se está inconforme con el espectáculo, no vuelva, y punto.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario4.quilmesrock
Hombre Carlos Eduardo ya! nos estamos entendiendo, me parecio bueno el blog de la vez pasada qué pena que no se lo pude decir, pero en este discrepo con utd en el sentido que uno como hincha paga la boleta, para ver a su equipo del alma (El Azul)y ver 11 pelotudos en la cancha sin sudar la camiseta y viviendo como reyes! eso no tiene excusa! y si es muy cierto la gente busca el estadio para sacar a flote su incomformismo con el estado o con lo que sea! uno como hincha ya sea de popular o de platea SI TIENE DERECHO A PUT.....R A LOS JUGADORES QUE NO SIENTEN la camiseta del más grande! por la simple razon que la hinchada les da de comer...
mil gracias.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario5.Sir_Lanc3l0t
el futbol es un espectaculo y como tal debe ser para divertirse!
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario6.jjaimep
No basta con bancarse el periodismo bostero de argentina, para venir a tener que leer bosteritos colombianos. Qué triste, como Riquelme...
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