Como el maquillaje en las mujeres, que sirve para corregir temporalmente algunos defectos y ofrecer una imagen distinta a la real, en el fútbol las victorias son el bálsamo para tapar los errores. El problema es cuando aparecen las derrotas o los resultados no favorables: quedan al descubierto todas las limitaciones y equivocaciones, tal y como, en los últimos días, les ocurrió a la Selección Colombia, Millonarios y Santa Fe, en ese orden.
A pocos días del esperado primer clásico del semestre, Santa Fe es tercero y Millonarios, cuarto, ambos con 15 puntos, a uno de la punta. Eso, obviamente, no puede ser malo. Sin embargo, y a diferencia de lo que se esperaba, los dos equipos bogotanos llegarán el sábado a El Campín rodeado de un halo de incertidumbre y desazón, a raíz de los resultados más inmediatos y, sobre todo, de las falencias que quedaron al descubierto una vez el maquillaje de las victorias se desvaneció.
Millonarios viajó a Barranquilla para enfrentar al Junior, equipo de buena campaña en este torneo, y sucumbió al calor, la humedad y... la superioridad de su rival. No fue que los 'ñeros' les pasaran por encima a los 'embajadores', o que hubieran convertido en figura al portero Óscar Córdoba, o que la suerte hubiera evitado un marcador más abultado. Simplemente, Junior hizo lo justo para marcar el 1-0 y, luego, para conservarlo.
Por primera vez en lo que va corrido del certamen, Millonarios se fue en blanco en el arco contrario y ahí radicó la pequeña gran diferencia. En los juegos anteriores se había dicho que lo mejor de los dirigidos por Óscar Héctor Quintabani era la contundencia; esta vez, esa virtud no apareció y, por eso, el equipo lució plano, limitado, sometido por su rival. Millonarios no contó con la cantidad de llegadas de anteriores ocasiones y, tampoco, con la efectividad de sus delanteros.
En cambio, volvió a exhibir los males que ya estaban identificados: escasa generación de fútbol ofensivo en el mediocampo (Estrada se dedicó a hacer taquitos intrascendentes en el medio del campo) y problemas de orden defensivo (y eso que Junior se frenó en el segundo tiempo). Fue una derrota justa, por cuenta de la cual no vale la pena dramatizar. Millonarios sigue metido entre los ocho mejores (ese es su real objetivo, clasificar a las semifinales) y prendido de la punta. Entonces, hay tiempo y tranquilidad para seguir trabajando en procura de corregir los errores.
El problema para Quintabani y sus muchachos es que se vienen el clásico contra Santa Fe y luego el partido con Nacional. Son juegos que el hincha nunca quiere perder y en los que no se pueden repetir los errores so pena de pagarlo caro. Claro, también son de los partidos que provocan motivación e invitan a los jugadores a ofrecer un plus.
Por el lado de Santa Fe, la tal "paciencia" que, según sus jugadores, sirvió para sortear las dificultades contra Huila y Quindío, esta vez solo consiguió exasperar a los hinchas. El cuadro rojo naufragó en un mar de pases insulsos, laterales y hacia atrás, y en la falta de actitud de los hombres de ataque (se salvó, únicamente, el venezolano Luis Manuel Seijas). De hecho, ya hay algunos que, como el caso de Luis Fernando Mosquera, transmiten más pereza que otra cosa.
Lo triste del 0-0 con Bucaramanga es que este equipo fue infinitamente inferior a Huila o Quindío. Opitas y cafeteros al menos intentaron proponer algo, sus técnicos diseñaron un partido atractivo en el que, si bien cuidaban el cero, incluyeron estrategias para buscar ganar. Los santandereanos, en cambio, y a pesar de estar comprometidos en el descenso, se limitaron a pegar, a quemar tiempo, a revolcarse en el suelo; solo llegaron dos veces al arco local y celebraron el empate como si hubieran ganado el Mundial.
El técnico Hernán Darío Gómez, con su desfachatada sinceridad, reconoció que él mismo provocó el mal funcionamiento del equipo, especialmente con la sustitución del joven Osneider Álvarez, de buen desempeño. El problema radicó no solo en la salida del paisa, sino, sobre todo, en la entrada de Mosquera: su actitud es lamentable. Se aísla de las jugadas, se despreocupa del juego colectivo, no colabora en marca y, para colmo, pretende solucionar todo a título individual. Arrastra los pies con una pesadumbre que da grima.
De nuevo, como en los partidos anteriores, el equipo derrochó sacrificio y esfuerzo, solo que esta vez careció del toque de suerte que antes le permitió salir del atolladero. Se notó, y mucho, la ausencia del argentino Daniel Néculman, hoy por hoy el único delantero que brinda profundidad y peligro en el área, además de certeza definición. Los laterales, por su parte, siguen sin aportar algo interesante en ataque y ni siquiera se intentó con el argumento de la media distancia.
No es que ahora Millonarios y Santa Fe, por los resultados del fin de semana, sean los peores equipos del mundo; antes, con las victorias, tampoco eran los mejores. Solo que, como en las mujeres, el maquillaje de los triunfos se desvaneció y quedaron al descubierto todas las arrugas. Y el siguiente paso será verse las caras, en el atardecer del sábado. Un partido que todos estábamos esperando y que, ojalá, sea entretenido.
Los jugadores y la gran mayoría de los técnicos jamás admiten sus equivocaciones o haber sido superados por el rival (por ejemplo, las declaraciones de Milton Rodríguez, el sábado). Pero, la fuerza de los hechos, de los resultados, termina por desmentirlos. El clásico, entonces, es la oportunidad para que unos y otros se reivindiquen con su fanaticada.
Lo que nos dejó la Eliminatoria
Una fecha más, una goleada incuestionable y el Mundial Suráfrica-2010 se aleja cada vez más para Colombia. El equipo de Jorge Luis Pinto, en los peores 75 minutos de la Eliminatoria, cayó 0-4 en Santiago con Chile y ahora ocupa el sexto lugar de la tabla de posiciones. Mejor dicho, en 180 minutos de juego se pasó del cuarto puesto (que garantiza cupo directo) a quedarse por fuera de la fiesta orbital.
Colombia, luego de los enfrentamientos con Uruguay, de local, y Chile, a domicilio, que significaron sendas derrotas, quedó más cerca de la cola que de Suráfrica-2010. Quedan 10 fechas por jugar (30 puntos) y la matemática indica que todavía se puede. Sin embargo, el nivel de juego que exhiben los dirigidos por Pinto va en caída libre, cada vez juegan más mal y, lo peor, al equipo no se le ve una identidad definida, una idea clara de juego.
Los primeros 25 minutos del choque en Santiago fueron, sin duda, los mejores de Colombia en lo que va corrido de Eliminatoria. Dinámica, actitud, ganas, concentración, en fin, una suma de virtudes. Faltó, como siempre, contundencia en el ataque, el ansiado gol. Pero, todo lo demás funcionó bien, al punto que Chile se vio incómodo, poco o nada visitó los predios de Agustín Julio y el partido parecía encaminarse a una alegría. Pinto introdujo varios cambios en la nómina y el experimento resultaba positivo. Lo mejor: la inclusión de Yulián Anchico, que aportó ida y vuelta, manejo del balón, apoyo en la marca y sorpresa en ataque.
En el fútbol, empero, no todo lo que brilla es oro. Un rebote al borde del área fue capitalizado por Chile, a los 26 minutos, y se tradujo en el primer gol del partido. Desde ahí, se derrumbó el castillo de naipes. La que hasta ese momento había sido una estrategia perfecta se derrumbó de un soplo. A partir de entonces, Colombia se vio como el equipo inseguro, timorato y débil de otras ocasiones. Y el rival no perdonó. Afortunadamente, los de Marcelo Bielsa se compadecieron con el 4-0 cuando todavía quedaban 20 minutos por jugar, porque si no la goleada hubiera sido peor.
Perder puede perder cualquiera, pues ese resultado siempre entra en el abanico de posibilidades. Pero, perder jugando tan mal como lo hizo Colombia contra Uruguay y Chile es preocupante. Hay dos opciones: o el técnico escogió mal los jugadores o los jugadores no están sintonizados con lo que el entrenador les quiere inculcar. Pinto está preocupado por esconder su trabajo, por evitar que todo el mundo conozca qué armas está preparando, y los resultados no se dan. Ahora, para rematar, ya comenzó a criticar en público a los jugadores. Soplan vientos de tormenta en la escala de las crisis.
Tras el triunfo contra Argentina, muchos alzaron campanas al vuelo y no pocos fueron los que se sintieron en Suráfrica-2010. Da pena decirlo, pero esa victoria no fue más que un espejismo, porque la verdadera realidad del fútbol colombiano, de la Selección, es la actual: sexto de la clasificación. Que hay jugadores con talento, sí; que hay unos pocos jugadores con talla internacional, sí; que hay ganas y una nueva generación, sí; que hay un técnico que ha demostrado ser capaz, sí. Sin embargo, en todo este tiempo no se ha podido conformar un verdadero equipo y, lo peor, la estructura comienza a evidenciar gruesas fisuras.
Se vienen el líder Paraguay, en El Campín, en el cierre de la primera vuelta del calendario, y Brasil, de visita, en el comienzo de la recta final. Hablar de urgencias es llover sobre mojado. Además, ahora hay que jugar y mirar de reojo lo que hacen los demás rivales, porque después de este doble traspié el futuro de la Selección Colombia ya no depende de sí misma.
Colombia no es un súper equipo por haberle ganado a Argentina y tampoco es una porquería por haber sido goleado por Chile. Lo malo, en todo caso, es que no hay un punto de equilibrio y en ese mar de irregularidades, con más bajas que altas, la ilusión de regresar al Mundial comienza a diluirse...
Carlos Eduardo González Ll.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario1.Aponte
Que blog tan chévere. Fácil de leer y sin hipérboles innecesarias. Felicitaciones.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario2.Hernan47
Este es el mejor bloger deportivo en la actualidad,se nota que es un verdadero periodista a lo cual agrega un particular estilo imparcial que le permite presentar notas de varias situaciones con propiedad y estilo ameno. Los lectores deportivos estamos cansados de seudoperiodistas sensacionalistas y de escasa profundidad, por ejemplo el ladrilludo que se titula septimo campeoni, que ojalá no aparezca más.
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario3.snipaa
no se si su intencion sea incediar la hinchada capitalina o llamar la atencion pero columnas como esta les faltan mucho fundamento. la verdad no tengo porque escribir mucho y lo que voy a escribir no lo tome como escusa. Pero, porque no menciona la ausencia de Ivan Hurtado, la lesion de Asprilla en la jugada de gol y por consiguiente el replanteamiento del esquema Millonario? porque no comenta de la muy buena actuacion de millonarios en los primeros 19 minutos del partido antes del gol y del ya mencionado replanteamiento?
maquillaje? jajaja que bien ha escogido las palabras para describir el futbol capitalino.
Si tuviera que opinar entre si su intencion es ser incendiario o llamar la atencion yo creo que un poquito de las dos ya que la unica forma de ponerse en el radar es escribir de esta manera de los equipos capitalinos.
siga asi que no nos basta con carlos antonio velez al cual usted le debe tener un altar con veladoras debajo de la taza de su asqueroso bano
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Voto a favor del comentario Voto en contra del comentario4.FritzFratz
A diferencia de torneos anteriores esta vez el clásico tendrá dos equipos en punta. En anteriores torneos era el clásico del horror, porque además de estar mal en la tabla de posiciones, el perdedor, además de la honra, quedaba hundido. Es evidente que el fúbol local es regular tirando a malo pero desde hace rato los dos equipos bogotanos no estaban compartiendo primeros lugares de torneo alguno y me parece que la sensación en las hinchadas es de alegría a sabiendas que sus equipos no son del otro mundo, pero eso es lo que tenemos y clásico es clásico así sea entre coleros o punteros. Por eso en el clásico entre azules y rojos se juegan la honra, la historia, el ser víctima de las chanzas de hinchas contarios y demás... no importa si los equipos son buenos o malos, simplemente es nuestro clásico y como tal hay que disfrutarlo con arrugas o sin ellas.
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