La primera vez que fui a un estadio, a comienzos de la década de los 80, tomado de la mano de mi padre, sentí una extraña sensación en el cuerpo y en el alma que me cambió para siempre. Sin saberlo, me había contagiado de la enfermedad del fútbol.
Mientras entraba a ese estadio que se me hizo inmenso, y mientras miraba a lo lejos a los jugadores, descubrí que la pasión era contagiosa, que no había cura contra los goles, que no había mayor creatividad que una gambeta en las cinco con cincuenta, que no había mayor alegría que un gol, que no había mejor compañera que la pelota, y que la soledad era un 3-0 en contra.
Desde entonces me prometí ser hincha. Nada más que eso. Un mendigo del balón, del fútbol, un incondicional de Millos, un seguidor de jugadores talentosos, un vagabundo de estadios. Desde entonces siento que mi sangre es azul, y lo digo orgulloso, porque ese primer día que fui al estadio me enamoré y le entregue para siempre, en un pacto silencioso, mi pequeña alma a un equipo.
Hoy, casi 26 años después de ese primer amor, sigo enamorado del fútbol, del equipo, -aunque me molesten sus dirigentes -los grandes y los chiquis-, aunque me haya salido callo de tanto esperar, y aunque la enfermedad del fútbol no haya sino empeorado.
Soy ante todo un hincha, y estas son mis confesiones. Jugué por años al fútbol, aunque cuatro operaciones de rodilla me hayan convidado al banco de suplentes para siempre. Soñé, con algún día vestir una camiseta de un equipo, ser famoso aunque fuera por tan sólo 5 minutos con un gol; ser héroe, ángel o demonio en una cancha, pero resultó que la mano escribía mejor de lo que jugaba el pie. En algún momento me dedique al periodismo, pero descubrí que lo que amaba era contar historias y no perseguir una chiva.
Por ello, y por sentirme incompleto, incomodo, frustrado, como luego de botar un penal decisivo, decidí todos los días, como parte de un ritual, de mi ritual, buscar en el fútbol mi paraíso.
Desde entonces lo sigo día y noche, y no me importa, la verdad, que al día siguiente siga con las costillas intactas. El fútbol es, ha sido, y será mi primer amor, y por eso a él le entrego todo y no le pido nada. Por eso le profeso cariño y lo respeto como en cualquier religión.
Creo que el marcador es una anécdota del partido, y a que aunque todos queremos ganar, eso no es lo que motiva a mirar un juego. Creo que uno solo puede ser hincha de un equipo, y que lo otro es infidelidad. Creo que se puede mirar cualquier partido, sin importar quien lo juegue. Creo que hay mirar los goles y las jugadas una y otra vez, hasta el cansancio, por el solo placer de la emoción; y aunque me gusta la táctica y la estrategia, disfruto un túnel o una gambeta mucho más, aunque sea inocua, aunque solo sirva para el aplauso.
Sospecho, de verdad sospecho, de los que no les gusta el fútbol, me parecen seres raros y sin duda con algún problema. Voy al estadio, siempre, porque allí es donde el evangelio se hace realidad. Aunque me parece bien ver fútbol por televisión, sé que no hay nada como estar en las gradas y abrazar a un desconocido cuando se hace un gol. Cuando visitó una ciudad, conozco primero el estadio que la catedral, al fin y al cabo dios está en todas partes.
Creo en el talento de los jugadores y desconfío de los dirigentes. Me divierto recordando tardes
de emoción, y me aburro con el 0-0.
No creo en los hinchas que se pintan el cuerpo, pero que no llevan el equipo tatuado en el alma. Desconfió de los que se llaman así pero sólo van cuando el equipo está en el tope de la tabla. No me gustan los que escogen partidos, los que insultan a los jugadores, los que se creen técnicos desde la raya. Los que aman con odio. Me gustan los que son fieles, constantes, los que saben que los jugadores y dirigentes pasan, pero que los equipos quedan, los que se les rompe el alma en cada derrota, pero igual asisten y gritan más al domingo siguiente...
El fútbol ha sido mi principio y mi fin. Explico casi todo lo que pasa en mi vida por medio de un balón. Recuerdo jugadores y recito alineaciones, valoro la amistad de los que los he conocido en un cancha, y espero que mi hijos, sin importar su sexo, sean volantes, delanteros y por lo menos uno sea un 10.
Este blog es un reflejo de eso, de lo que es ser hincha. Una voz en medio de la multitud, como cuando hay un gol visitante en un estadio colmado y solo se oye el grito de los jugadores y del hincha que viajó seis horas para estar con ellos. Este blog es una opción para mirar el fútbol con corazón y cabeza, como cuando un gruñón, con la camisa 6, mal encarado, sin afeitar, se le acerca a uno por la espalda listo a romperle la tibia, y un túnel es lo único que uno puede darle como respuesta.
confesionesdeunhincha@yahoo.com
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Muy interesante el blog.
Creo que es muy pertinente el llamado al no odio entre los equipos, me gusta ese concepto, el futbol no puede ser amor, pero seguramente no es odio. ES COMPETENCIA.
Cuando niño tambien soñe con ser jugador de futbol, que amante de este hermoso deporte no lo fue??? Muy pocos diria yo. Creo que muy del corazon esta nota, y a la vez me parecio exesivamente interesante.
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Barrita no me había dado cuenta que estaba escribiendo nuevamente en Futbolred. Seguiré su blog, como siempre he hecho cada vez que descubro que escribe en algún medio!!!! como es el cuento de los brasileños que está probando millos? alguien tiene info al respecto???
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buen blog... estare pendiente
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Que buen artículo. Estoy de acuerdo con usted en muchas cosas, no compartiremos el amor por el mismo equipo, pero si el amor por el fútbol. Estoy de acuerdo con usted en no creer en aquellos hinchas que escogen partidos, que le gritan de todo a los jugadores y técnicos. Creo fielmente que uno debe apoyar en las buenas y en las malas como dice usted. Creo tambien que el fútbol es un poema, y que un tunel, una gambeta y un gol son la pluma, y una patada es el codo que mancha aquellas bellas palabras.
Creo también, que los hinchas de verdad somos pocos, los que vamos fielmente al estadio siempre no son todos, soy feliz viendo a mi equipo así vaya de último o de primero porque siempre le perdonare todo, siempre estaré ahi, como dice usted le di mi amor el día que lo conocí y ese día decidi que seria para siempre. Algún día vere a mi equipo ser campeon, y ese día me sentire satisfecho de todas las veces que me moje, que deje de estudiar, que falte a cumpleaños y otras muchas cosas más, pero, si ese día no llega me ire satisfecho de haberle dado todo lo que yo podia a lo mejor que me ha pasado en mi vida, Independiente Santa Fe.
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Me gustó eso de los Grandes y los Chiquis.... jejeje.
Andres, suerte con este nuevo blog.
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Que buen artículo, y sobre todo, por que la cae como anillo al dedo a su equipo he conocido en los ùltimos tres años personas que eran de otros equipos y de la noche a la mañana salen a decir que son hinchas de millonarios. Esa es la hinchada màs grande de Colombia segùn ustedes, la más fiel. jejeje usted como bien sabe uno nace siendo hincha de un equipo y muere así, le digo una cosa prefiero que los rojos seamos 5000 pero fieles y no hinchas de moda por que esos pasarán
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